Oviedo, Tino PERTIERRA
Brian de Palma aparcó en «Atrapado por su pasado» sus homenajes y sus brillantes fuegos de artificio para rodar con la convicción y el atrevimiento de quien hace suya una historia y se alía con unos personajes de ficción para hacerlos de carne y hueso, creíbles hasta la médula.
Ayudado por una interpretación insuperable de Al Pacino (el reverso de la que había ofrecido en «El precio del poder», con un personaje con ciertas semejanzas), De Palma hizo posible una excepcional aleación entre un fondo apasionante (los intentos desamparados de un fugitivo del fango por encontrar un lugar bajo el sol de la ley y el orden) y unas formas apasionadas: travellings circulares que enjaulan el amor y el deseo, primeros planos que muestran la esperanza y también el desaliento, ralentís que no son un recurso gratuito, sino una forma de subrayado sombrío de ciertas escenas empapadas de fatalismo, precisos planos secuencia que, a diferencia de otros alardes precedentes del director, no son una forma de ponerse medallas con la cámara, sino de hacer más fluida, misteriosa e intensa una narración que se desarrolla con el ritmo justo y la temperatura necesaria por los cauces del reencuentro amoroso, de la traición, de la nobleza, del odio, de la venganza, de la nostalgia, del deseo y de la mezquindad.
Tragedia romántica sin concesiones al formol de la cursilería (¡esa escena de «espionaje» amoroso bajo la lluvia!) y cargada de momentos inolvidables (el ajuste de cuentas con un impagable Sean Penn, el primer encuentro amoroso con una puerta de por medio...). «Atrapado por su pasado» reúne todas las virtudes de su imprevisible director al servicio de un guión sobresaliente de David Koepp, que subraya los méritos de «El precio del poder» y corrige sus defectos, capaz de arrancar contando el final y aún así logrando que el interés no decaiga nunca.
Y Pacino entrega una de sus interpretaciones más completas, un trabajo asombroso de miradas y gestos elocuentes.