POR MARÍA JOSÉ IGLESIAS
Aún quedan fiestas de verano para lucir modelazo. Las rebajas son un buen pretexto para poner un Yigal Azrouel en el armario. El modisto, considerado en Estados Unidos el zar del vestido de fiesta, nació en Israel, vive en Nueva York y tiene sangre francesa y marroquí.
Su ropa es un soplo de aire del desierto sobre la sofisticada pasarela neoyorquina, siempre a la caza de extravagancias. Él se aparta de esa senda. Sus colecciones evocan lugares lejanos y épocas en las que vestirse era un divertido ritual. Esa concepción lúdica de la moda le diferencia de sus colegas y le ha supuesto una lluvias de críticas. Las contrarresta con una poderosa aliada: Anna Wintour, editora de «Vogue USA». El creador ha sido bendecido con los halagos de la pluma más afilada de la moda, que no se pierde los desfiles de este joven con pinta de actor bohemio, que lleva como nadie los jeans repletos de roturas.
Su mujer ideal es sobria, pero con ese toque diferencial que aporta el detalle. Utiliza tejidos exquisitos como el chifón o la seda. Son los ideales para asentar los drapeados, con fama de complicados de hacer y de llevar, siempre fascinantes sobre la silueta femenina.
Los turbantes -reminiscencia de la estética árabe que le influye inevitablemente- son otra constante en unos modelos que casi siempre van acompañados por un «joyón» importante. Azrouel admira a Diane Von Fustenberg. Se le nota. La modista americana, de origen belga, es su maestra. Él ya la supera. No se ha graduado en ninguna gran escuela de moda, pero sus diseños han sido usados por celebridades como Natalie Portman, Anne Hathaway y Jessica Alba.
En 2007 lanzó la primera colección de hombre y arrasó. Forma parte del club de elegidos por la primera dama Michelle Obama. Jamás ha alardeado de ello.
Un «stroller» que se transporta sin esfuerzo. Ese sueño que todo el mundo ha tenido alguna vez en el aeropuerto existe. La casa Hammacher Schlemmer ha diseñado la única maleta que hace la carga mucho más liviana. La culpa es unos sensores que miden la fuerza empleada en cada momento. El motor se activa en movimiento. Cuesta 1.000 euros y la lista de espera es de seis semanas.
Acqua di Parma, la marca aristocrática de perfume, quiere conquistar a las mujeres con Iris Nobile, una fragancia ideada para damas elegantes y refinadas. Eso es lo que «vende» la casa italiana, propiedad del grupo LVMH, que propone un perfume fresco y discreto, no demasiado dulce, pero persistente.
Iris Nobile es un homenaje al iris de Toscana, la flor que representa el patrimonio histórico italiano. De hecho, está considerada, con la violeta, el ingrediente más refinado de la historia de la perfumería italiana.
El envase es moderno, pero con ese toque «de toda la vida» que ya fascinó a Ava Gadner , David Niven y Audrey Hepburn. El precio del frasco es de unos 100 euros.