Corigos (Aller)
C. M. BASTEIRO
Los hijos de Juan Herminio y Cándida García, de 89 y 94 años, se dieron cuenta de que necesitaban ayuda hace dos años. «Cuando mi madre enfermó, supimos que ya no estaban en condiciones de vivir solos. Ella se puso mala de repente y él tiene demencia senil», cuenta Ana María García. Por entonces, los tres hermanos, vecinos de Corigos, buscaron la mejor opción: «No queríamos que dejaran su casa, por su propia estabilidad, más que nada», añade García.
De esta forma, los tres hijos del matrimonio se pusieron en contacto con los servicios sociales del Ayuntamiento de Aller para optar a la ley de Dependencia. «La pedimos en octubre de 2007, y no llegó hasta ocho meses después o así», explica Ana María García. La allerana asegura: «Desde la Consejería se pusieron en contacto con nosotros y nos dijeron que podíamos escoger entre 400 euros o ayuda a domicilio y centro de día». A la hora de elegir, lo tuvieron claro. Ana María García recuerda que inmediatamente «escogimos la ayuda a domicilio y el centro de día; de esta forma pueden seguir viviendo en su casa, pero sin prescindir de nuestros cuidados. Aparte, nos sale más rentable que la aportación económica».
Desde que recibieron la ayuda, la rutina de Juan Herminio y Cándida es siempre la misma. El día comienza muy temprano para el matrimonio. A las siete y media de la mañana, la auxiliar llega a Corigos para preparar a los dos ancianos para ir al centro de día. María Teresa Barragán empezó a ayudarlos en 2008. Desde entonces, los lazos que los unen han ido creciendo y se han hecho casi familia. A las ocho y media llega el autobús que lleva a Cándida y a Juan Herminio García al centro de día. «Allí hacen ejercicios y se evita que sus sentidos se adormezcan», explica la hija del matrimonio, agradecida por una ayuda que «nos arregló la vida, porque no sabíamos cómo lo íbamos a hacer. Ver a mis padres tranquillos y atendidos nos vale mucho», añade.
«Ere es de casa, nos ayuda mucho. No sólo en los cuidados diarios, sino también en los consejos que nos da para que ellos estén lo más cómodos posible. El centro de día mantiene a los dos ocupados y hace que tengan una rutina, es como cuando los niños van a la guardería», asegura Ana María. Además, desde su punto de vista, la auxiliar a domicilio desempeña otro papel muy importante: «Nos sirve de psicóloga. Cuando los familiares tenemos que hablar, es agradable saber que hay alguien en casa que nos escucha y que sabe dar buenos consejos desde la experiencia».