POR CAROLINA G. MENÉNDEZ
Oviedo
Las preocupaciones, el estrés, el cansancio exagerado, las alteraciones de horarios, el exceso de ruidos, un colchón inadecuado, demasiado calor o frío, una cena copiosa y el consumo de sustancias excitantes son algunos de los factores que alteran el descanso nocturno. Y no dormir o dormir mal repercute negativamente en el estado general de las personas. La falta de un sueño reparador provoca mal humor y decaimiento que afecta al ámbito familiar, laboral y social. También debilita la salud, ya que contribuye a aumentar el nivel de estrés, acelera el proceso de envejecimiento, reduce la actividad metabólica, disminuye la capacidad de concentración, provoca alteraciones nerviosas y favorece la hipertensión sanguínea.
Alrededor del 10 por ciento de la población tiene problemas para conciliar el sueño cada noche; en cambio, son muchas las personas que se desvelan ocasionalmente. ¿Quién no ha pasado una mala noche?
Dormir bien no es sinónimo de hacerlo durante muchas horas. Hay estudios que indican que se debe descansar una media de 7 u 8 horas diarias; otros, en cambio, apuntan que las necesidades de cada persona son diferentes y, además, varían según el momento de la vida. Por ejemplo, un bebé duerme casi todo el día y un anciano no supera generalmente las seis horas.
Y como no existe una tabla exacta que recoja el tiempo que debe descansar un adulto, la medida la da el propio organismo. Es el cuerpo el que hace de termómetro. Así, si a lo largo del día no se produce un cansancio físico ni mental fuera de lo normal es porque se duerme lo suficiente; por contra, si el cuerpo se levanta ya cansado y no rinde durante la jornada es que está reclamando más tiempo de sueño.
n Evitar situaciones estresantes o trastornos emocionales antes de irse a la cama.
n Establecer una hora regular para acostarse.
n Crear un ambiente adecuado para descansar: dormitorio sin ruidos, bien ventilado y oxigenado y una temperatura suave.
n No acostarse inmediatamente después de cenar, esperar entre una hora y hora y media; tampoco se aconseja irse a la cama con el estómago vacío o sensación de hambre.
n Hacer ejercicio de forma regular pero no a última hora del día.
n Elegir ropa de cama de tejidos naturales, ligera y amplia para que facilite los cambios de postura del cuerpo.
n Un baño de agua tibia, un vaso de leche templada o una infusión relajante invita a dormir.
n Evitar todo tipo de estimulantes antes de acostarse: alcohol, cafeína, nicotina...
n No dormir más de lo necesario.
n No hacer siestas demasiado largas.
n Elegir un colchón firme y recto que se adapte a las curvas de la columna.