POR CAROLINA G. MENÉNDEZ
En el occidente de Honduras, a 14 kilómetros de la frontera con Guatemala, existe un oasis de tranquilidad, naturaleza y cultura antigua. Se trata de Copán Ruinas, ciudad maya que llegó a alcanzar en el siglo VIII los 20.000 habitantes. Este sitio arqueológico, declarado en 1980 por la Unesco patrimonio de la humanidad, fue gobernado por la dinastía de Yax Kuk Mo entre los siglos V y IX y, según los archivos históricos, fue el español Diego García de Palacio el primero en dar a conocer su existencia por escrito en 1576.
Si hace casi 500 años adentrarse en este territorio selvático y descubrir sus ruinas tuvo que impactar sobremanera a los primeros visitantes, traspasar hoy en día la entrada del yacimiento asombra igualmente. La majestuosidad y belleza de los edificios meticulosamente construidos y en muy buen estado de conservación, el uso de jeroglíficos y el conocimiento de diversas artes, entre ellas la escultura o astronomía, ponen de manifiesto la inteligencia de la civilización maya. Esta cultura supone un atractivo singular para este entorno, frecuentado por arqueólogos, historiadores y antropólogos de medio mundo.
Además de recorrer este paraje histórico, el valle de Copán ofrece numerosas actividades, siempre con la naturaleza como protagonista: senderismo, espeleología, rutas a caballo, aguas termales, kayaks o incluso visitar una finca de café o una comunidad indígena.
Con un programa de entretenimiento tan atractivo y que seguro satisface al viajero, el establecimiento hotelero elegido para descansar de tan frenética actividad ha de ofrecer un entorno que invite al relax. Y a poca distancia del yacimiento, La Casa Rosada cumple con creces las expectativas de sus clientes. La dirección de este coqueto hotel colonial de sólo cinco habitaciones atiende con mimo las necesidades y antojos del turista, que puede enriquecer su estancia en el lugar con, por ejemplo, un masaje en la intimidad de la habitación o disfrutando de unas horas leyendo en un rincón del jardín.