Venecia, Agencias
Un director casi desconocido, Samuel Maoz, con una película no apta para claustrofóbicos, «Lebanon», ha conducido al modesto cine israelí a su mayor logro en el circuito internacional de festivales de cine, en el que, pasito a pasito, ha ido subiendo escalones con el transcurrir de los años.
«La victoria en la Mostra de Venecia es el mayor éxito cinematográfico de Israel hasta ahora», coinciden en señalar todos los medios de comunicación israelíes, algunos sin dar crédito aún al sorprendente triunfo de «Lebanon», que se hizo con el máximo galardón del festival: el «León de oro».
Ópera prima de Maoz, un director que hasta ahora se dedicaba a «escenografía» y «producciones de carácter comercial», a decir de la experta israelí Chiquita Levov, el filme narra las experiencias casi autobiográficas como soldado de su director en la guerra del Líbano de 1982.
«Se trata de un filme antibelicista porque, más allá de la política, el mensaje que transmite es de sufrimiento; traslada al espectador una sensación de angustia hasta repudiar lo que representa la guerra», explica la también crítica de cine. Miedo, angustia y claustrofobia que se encargan de transmitir un magnífico grupo de actores -Michael Moshonov, Yoav Donat, Itay Tiran Oshri Cohen y Zohar Strauss- a los que Levov atribuye gran parte del éxito del filme.
Al recoger el premio, Maoz quiso dedicarlo a «las miles de personas en el mundo que vuelven de la guerra, como yo, aparentemente bien. Se casan y tienen hijos, pero en su interior sus almas permanecen vacías». «Lebanon» narra una historia personal, la del propio director, quien a sus 20 años se vio metido dentro de un tanque camino del Líbano para participar en los combates.
En declaraciones a la radio pública de su país, también dedicó ayer el galardón «a todos los cineastas israelíes, los directores, actores y actrices de películas que fueron abriendo el camino al cine israelí en los festivales internacionales». «Este premio es, en realidad, para todos ellos», subrayó el director, de 47 años.