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Un fino, complejo y maravilloso hilo Mil ironías cruzadas sobre la comedia del arte y la ópera mitológica

«Ariadna en Naxos», que abrió el domingo la LXII Temporada del Campoamor, significó para los contertulios la consagración de Strauss en Oviedo

 
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De izquierda a derecha, Susana Arias, Gerardo Herrero, Cristina Huelga y Carlos Conde, en la tarde de ayer, en el auditorio Príncipe Felipe de Oviedo.
De izquierda a derecha, Susana Arias, Gerardo Herrero, Cristina Huelga y Carlos Conde, en la tarde de ayer, en el auditorio Príncipe Felipe de Oviedo. luisma murias

El teatro Campoamor de Oviedo inauguró su LXII Temporada de Ópera a lo grande, según indicaron los aficionados participantes ayer en la tertulia de LA NUEVA ESPAÑA. «Ariadna en Naxos», de Strauss, una obra muy compleja, cargada de sabiduría y sin facilidades para una primera lectura, ganó al público y a los contertulios, que subrayaron la calidad de la ópera, el buen hacer de cantantes y orquesta y la escena, discutida pero aprobada.

Oviedo, Javier NEIRA

La tertulia se celebró en la tarde de ayer, en Oviedo, en el auditorio Príncipe Felipe.

CARLOS CONDE. Soy un gran amante de las óperas y de la música en general de Strauss, así que felicito a la Asociación de la Ópera por ofrecer una obra tan significativa de ese compositor. Siento, de todos modos, que en el programa no se ponga el título en español. No tiene sentido sobre todo cuando, como ocurre en este caso, tiene referencias extraoperísticas que siempre se recogen en español. «Ariadna en Naxos» es una ópera ambiciosa en la que hay una mezcla de géneros, con líneas satírico burlescas y líneas dramáticas. Eso mismo aparece en nuestro Siglo de Oro, en obras barrocas españolas como «La púrpura de la rosa» y «Celos aún del aire matan» en las que incluso la dirección de escena corrió a cargo de Calderón. Aquí pues tenemos precedentes incluso con esos personajes entreverados que presenta Strauss, con esa relación compleja entre el cielo y la tierra.

GERARDO HERRERO. Con elementos extraños como esa aparición de los bomberos que no estuvo muy clara.

SUSANA ARIAS. Hay determinados toques que no se entienden bien. Creo, de todos modos, que ha sido un acierto elegir esta obra para la apertura de la temporada. La música es excelente, la orquesta estuvo muy bien, los cantantes, espectaculares, y, en fin, aunque no sea una crítica porque es cuestión de gustos o de interpretación, cabe apuntar que había cosas en la escenografía de ambigua interpretación sobre todo en el prólogo, donde apareció demasiado barullo. Estaba todo mal organizado con mucha gente moviéndose con escaso sentido en muy poco espacio. Creo que no estaba pensado cómo dirigir todo aquello. Entre lo ininteligible o discutible, el corte de mangas múltiple o la manguera o tanto tirar las partituras al suelo. Digo lo del corte de mangas por el contraste con la escena final, tan púdica, en la que se tapa el beso con esos labios colgantes, dalinianos, que van descendiendo. Creo que hay que insistir en la calidad de la música y las alternancias que tan bien subrayó la orquesta.

GERARDO HERRERO. El prólogo en realidad es como si sucediese entre bastidores, por eso se le califica de prólogo y todos se mueven en un espacio escénico reducido de manera que el barullo quizá sea intencionado y ayude a presentar cómo son esos momentos previos a una representación, presididos por mucho lío, nervios y movimientos atolondrados.

SUSANA ARIAS. Bueno, soy amiga de Emilio Sagi y no lo digo por eso pero realmente si la escena la hubiese dirigido él estoy segura de que habría funcionado de otra manera, sobre todo en esos primeros momentos de la representación. Dicho de otra manera, habría organizado bien ese barullo si quisiese incluso que pareciese un barullo.

GERARDO HERRERO. Y eso que el director estaba en escena en el papel de mayordomo. Bueno, yo no soy muy strausista, pero eso no quita para apreciar sobre todo la segunda parte de la ópera y especialmente el final, verdaderamente impresionante. La escena no molestó el desarrollo de la función y es que cuando no hay aspectos cutres o rijosos las escenas avanzadas son válidas. No molestan como ocurrió en este caso. La escenografía era sencilla con cosas vistas en el musical «Mamma Mia», aunque en aquel montaje las grandes piezas se movían solas y aquí había que trasladarlas. Cuenta en todo esto que «Ariadna en Naxos» es una ópera no muy conocida al menos entre nosotros. Quiero decir que si se hacen algunas de las cosas que vimos en «Tosca» a lo mejor hay pateo. Cuando una ópera es menos conocida se admiten más audacias. El aplauso final fue prolongadísimo.

CARLOS CONDE. Los dos módulos que presiden la escena al principio la aprisionan y después, al abrirse, evocan muy adecuadamente el laberinto de Ariadna. Los telones de fondo, quizá basados en obras de Friedrich, el gran pintor romántico alemán, eran adecuados. La presencia del mar en la segunda parte y el propio laberinto son hallazgos muy acertados y sencillos. Creo que la escena siempre debe estilizarse. Por eso se puede reprochar esa cama ya que mejor habría sido un diván. Me sobraron algunas alusiones carnales y las butacas en el aire y los bomberos y su correspondiente alusión. Los labios dalinianos del final sí son admisibles porque Strauss mismo ironiza sobre la comedia del arte y la ópera de carácter mitológico. Las estilizaciones en general suelen embellecer la escena y lograr funciones tan espléndidas como la «Elektra» y «Diálogos de carmelitas» que vimos aquí.

CRISTINA HUELGA. Una discusión clásica en Oviedo y en otros sitios gira en torno a las posibilidades de sacar de contexto un libreto. En «Diálogos de carmelitas» no se produjo ese cambio. De todos modos un escenógrafo puede hacer esos cambios, lo que hay que hacer es escucharlo, intentar entender sus razones y después que cada cual interprete a su manera lo que le ofrecen.

SUSANA ARIAS. Lo que ocurre es que como se trata de transmitir una idea se produce un lío tremendo con algunos cambios.

CARLOS CONDE. En la conferencia del día anterior a la representación se dieron explicaciones.

GERARDO HERRERO. Pero no las ofreció el director de escena.

CARLOS CONDE. En ese juego de alusiones y de informaciones se dan casos discutibles. Por ejemplo, Baco saca dos veces la cantimplora para beber y de esa forma se entiende que es bebedor. A mi juicio sobra, es un personaje más elegante que borrachín.

CRISTINA HUELGA. El aplauso final, tan prolongado, indica que el público enlazó con lo que se ofrecía. A mí incluso me sorprendió porque se trata de un título que no es ni mucho menos habitual entre nosotros pero eso no fue impedimento para que recibiese tan buena respuesta.

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