Gijón, J. C. GEA
La figura humana contemporánea pintada con rigor y conceptos emparentados con el retrato clásico, es el hilo conductor de «Final de concierto», la muestra individual que estos días exhibe en la galería Altamira de Gijón el pintor Juan Fernández (Piedras Blancas, 1978).
Después de su incursión en el paisaje, y tal como anticipaba su participación en la colectiva «Cruces del arte», Fernández regresa al otro polo de su producción retratando a personas jóvenes que posan, con total conciencia de ello, en actitudes cotidianas, en una especie de remanso en mitad del ocio nocturno y sobre un fondo oscuro y neutro.
Las fotografías realizadas el pasado año en el festival de música «Summercase» han servido al artista como base para su trabajo; pero, aún declarándose «profundamente interesado en cada fotografía como tal, más allá de su uso como base para una pintura posterior», Fernández recalca el carácter «totalmente pictórico» de su trabajo, adaptado al espacio de la galería.
El legado de maestros como Vermeer, Memling, Holbein, Tiziano o Ter Borch, o el espíritu de series como el apostolado de El Greco está, según el joven artista asturiano, muy presente en su manera de practicar un género con el que, no obstante, no busca tanto «una representación realista de las personas que pinto, sino la creación de una presencia que haga que sea el espectador el que se sienta atraído para entrar en su mundo, como si la pequeña escala de estos personajes fuera su escala real». A los pintores citados se añade una referencia al mundo goyesco, más oscuro y bronco. Técnicamente, y a pesar de la impresión de ligereza que transmite, se trata de una obra «muy trabajada, pintada por capas, a base de veladuras», en la que Fernández muestra un gran interés por los procesos. En todos estos casos ha seguido procedimientos fijos en la aplicación de los colores y la aplicación de las capas.