Esta información fue realizada por Paula G. RODRIGO, Ana G. DUQUE, Cynthia GARCÍA, Ana RUBIERA y Manuel NOVAL.
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Los que se dejan caer por los centros de salud los primeros días de vacunación son los habituales. Es el caso del matrimonio formado por Laudelino Sebastián y María Luisa Martínez, en Mieres. «Yo padezco del bronquio y me obligan a vacunarme todos los años. Creo que cuando pongan la de la gripe A también me va a tocar», apunta Sebastián.
Para Clarisa Noguera, la situación es distinta. Trabaja en un geriátrico y se vacuna todos los años. «Más que porque yo la pueda coger, es porque pueda transmitirla». Enriqueta Díaz no se siente intranquila ante las gripes. «Yo hago lo que me mandan los médicos; hay que preguntar si tienes que ponerla o no». Antonio Viturro, en Avilés, alberga algunos recelos: «Me preocupa porque es muy fácil contagiarse». Viturro estima que «debería concretarse más sobre el peligro que existe». Las preocupaciones de Jenaro Fernández van en otra dirección: se centran en su nieto de tan sólo un mes. Manuel Sierra estaba a las puertas del centro de salud avilesino con su hijo pequeño. Asegura que su vida diaria sigue, no ha variado. «No hago nada que no hiciera antes. Creo que no es para tanto», señala.
Belarmino Díaz, de Pola de Siero, se vacunó por tercer año consecutivo. Considera que le resulta útil. En cuanto a la gripe A, no le han dicho nada, y tiene sus dudas. A su lado, Julio Valles: «Me toca la semana que viene» dice sin convicción. No es extraño: «Una vez me vacuné y me dio más fuerte que nunca», indica. Fueron numerosas las madres que se acercaron a vacunar a sus hijos. La postura mayoritaria es que «si llegado el caso hay que vacunar a los niños de la gripe A, lo haremos tranquilamente».