Oviedo, Pilar RUBIERA
El 23 de octubre, cuando en el teatro Campoamor suene el himno de Asturias, que clausura la ceremonia de entrega de los premios «Príncipe de Asturias», Graciano García cerrará un capítulo de su vida y abrirá otro. Después de 29 años dirigiendo la Fundación Príncipe de Asturias, que él mismo ideó y puso en marcha, deberá ceder el testigo. La reforma de los estatutos de la institución, aprobada en 2007, fija los 70 años como límite de edad para sus cargos directivos. Graciano García los cumple este mismo año y todo parece indicar que el proceso sucesorio, todo un reto para el presidente, Matías Rodríguez Inciarte, se abordará en los próximos meses.
Su legado son unos premios extraordinarios que han ayudado a situar a Asturias en el mapa del mundo. Hace apenas un mes, con motivo del fallo del «Príncipe» de la Concordia al que optaba el reportero irano-canadiense Maziar Bahari, el diario «The New York Times», poco dado a publicar noticias de España, editorializaba sobre los galardones señalando que eran «muy codiciados». También la revista «Newsweek» se refería a los premios como «unos de los más prestigiosos del mundo» y calificaba el de Concordia como el «Nobel de la Paz español». Y ello pese a ser unos de los de más escasa dotación: 50.000 euros y una reproducción escultórica de Joan Miró.
La carrera sucesoria se abrirá, pues, en los próximos meses. Mientras tanto, las listas de posibles candidatos son «meras conjeturas», según coinciden en subrayar varios miembros del patronato de la institución consultados por LA NUEVA ESPAÑA. Será, dicen, «cuando toque», un modo de proceder habitual en la Casa del Rey en los asuntos que la afectan directamente. La decisión la tomará un círculo de personas muy pequeño, integrado por los Príncipes; Jaime Alfonsín, secretario de Felipe de Borbón, y Matías Rodríguez Inciarte. Naturalmente, habrá consultas previas y probablemente los gobiernos estatal y asturiano sean tenidos en cuenta. Finalmente, será el patronato el que proponga el nombre. Hasta que ese momento llegue, como comenta otro de sus miembros, «quien sabe algo no habla, y quien habla es que no sabe nada».
Suceder a Graciano García, que ha dedicado las veinticuatro horas del día en los últimos 29 años a la Fundación Príncipe, con intensidad y tesón, no es tarea fácil. Como dijo en una ocasión el Príncipe de Asturias, «nadie es imprescindible, pero hay personas insustituibles». En los últimos tiempos, según cuentan allegados al propio Graciano García, Felipe de Borbón le ha hecho llegar que continuará teniendo un papel relevante en la institución.
«No sólo fue el creador de la idea; después la impulsó y es el responsable de todos los éxitos de la Fundación y del prestigio cada vez más extendido de los premios. Su papel no podrá olvidarse jamás», afirma el general Sabino Fernández Campo, conde de Latores.
La idea de la Fundación Príncipe ya bullía en la cabeza del periodista Graciano García en 1978. Entonces dirigía el periódico «Asturias, Diario». Él lo cuenta así: «Siempre he pensado que en el pasado hay fundamentos importantes del progreso. Al recuperar la Constitución el título de Principado de Asturias se me ocurrió que había que dar un contenido más acorde con los tiempos actuales a algo tan simbólico. La idea era vincular la institución del Principado al título "Príncipe de Asturias", y yo, por mi profesión y mis inquietudes, creí que debía hacerse con un instrumento de tipo cultural, una Fundación cuyo símbolo fueran unos premios».
Fernández Campo, en aquel tiempo secretario general de la Casa del Rey, fue el primero que le escuchó y apoyó. Poco después don Juan Carlos respaldaba la puesta en marcha del proyecto. Los dos años que precedieron a la creación de la Fundación, constituida en Oviedo el 24 de septiembre de 1980, fueron «los más duros de mi vida», en palabras de Graciano García. «Creo que sufrí, como muchos otros, las consecuencias de una de nuestras más dañinas y estériles actitudes, esa carga negativa y pesimista que los españoles hemos arrastrado durante siglos, ese complejo absurdo, que hemos interiorizado, y que tanto obstaculizó nuestro progreso, de que somos incapaces de realizar, cuando nos unimos, nuestros mejores y más altos sueños».
Sabino Fernández Campo dice que «no podrá olvidarse jamás» la tarea de Graciano García en la institución. «Es necesario cumplir las disposiciones estatutarias, pero sentiría mucho que se le apartara de forma tajante. Creo que debería tenerse en cuenta su figura para poder utilizarla, puede hacer un papel excelente como consejero y colaborador. Quiero trasladarle toda mi admiración, cariño y afecto; merece ser reconocido».
A la hora de elaborar un perfil del sucesor o sucesora de Graciano García, todos los patronos consultados coinciden: debe ser competente, con personalidad y sin línea política. «No se trata -apuntan- de elegir una gran figura, sino a alguien con el carácter necesario para hacer una buena gestión». Y pronostican: «Será una sucesión tranquila; Matías Rodríguez Inciarte es cauto a la hora de tomar decisiones, pero hará las cosas bien».
El presidente de la Fundación Príncipe y el futuro director o directora deberán continuar con la tarea de consolidar los galardones, pero también tendrán que resolver otras cuestiones. Una de ellas será decidir la vinculación con la Fundación Niemeyer de Avilés, uno de los proyectos estrella de Álvarez Areces. La decisión del Gobierno regional de construir en esa ciudad y no en Oviedo el edificio proyectado por el arquitecto brasileño Óscar Niemeyer, premio «Príncipe de Asturias» de las Artes, con la idea inicial de acoger un Museo de los Premios, desencadenó, en el año 2006 un grave conflicto entre instituciones asturianas -Gobierno regional y ayuntamientos de Oviedo y Avilés-, que obligó al patronato de la Fundación a desvincularse jurídicamente del proyecto.
En el acuerdo que se adoptó entonces, la Fundación manifestaba su voluntad de suscribir en su día un convenio de colaboración con el centro cultural, «una vez definidos los contenidos». Las relaciones de Graciano García y del alcalde ovetense, Gabino de Lorenzo, nunca volvieron a ser las mismas.
Oviedo, ciudad que acoge a los galardones, aporta este año a la Fundación 540.000 euros, la cifra más alta de las instituciones políticas asturianas. Por detrás se sitúan el Gobierno regional (alrededor de 260.000 euros) y los ayuntamientos de Gijón (45.000 euros) y Avilés (18.000 euros). La aportación del Gobierno del Estado es de dos millones de euros. Su patrimonio es de 26 millones de euros.