JAIME ÁLVAREZ-BUYLLA
PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD FILARMÓNICA DE OVIEDO
El recuerdo nace por un impulso de admiración permanente y trata de ser un homenaje sincero a la singular personalidad artística de la pianista española que encandiló al público y a quien los críticos del mundo entero han dedicado los más extraordinarios elogios, considerándola como uno de los valores musicales más altos del siglo XX. Las claves del esplendor de Alicia de Larrocha fueron la inteligencia y el esfuerzo. Humanamente, fue algo excepcional, que nos captó y envolvió con la fuerza de una singularidad evidente, en su forma de presentarse y de saber escuchar, asignatura esta última muy difícil y en la que muy pocos triunfan. Fue una persona hondamente religiosa, con preocupación por atender a los pobres, ayudar en problemas de analfabetismo, hacer caridad, sin signos externos de sus ideas y alejada de cualquier activismo político, de criterios hondamente humanos y amor al prójimo. Mujer música desde siempre, comenzó a descifrar los signos del pentagrama antes que los alfabéticos. Fue concertista nata y, dentro de su modestia, con ansias de triunfar en el mundo. La más notable intérprete de música española a quien se menciona al mismo nivel que Rubinstein o Horowitz. El origen de su prestigio, de su manera de interpretar la música española, está en versiones inimitables de Falla, Albéniz, la deslumbrante colección de «Iberia» y de Granados que mima con sentido el alma. Lo toca todo: Bach, Mozart, Ravel, Stravinsky, Beethoven, Chopin, Schumann, etcétera. Memoria fabulosa, riguroso concepto y la más pura línea musical.
Alicia jamás menospreció el hecho de colaborar en misiones de cámara con importantes paisanos, con Concepción Badía; tocar sonatas con Gaspar Casado como en la Sociedad filarmónica de Oviedo, en un memorable concierto el 28 de diciembre de 1956. Alicia de Larrocha actuó en la Sociedad Filarmónica de Oviedo catorce veces y mantuvo siempre una amistad entrañable con la familia Uría Maqua, inolvidables doña Brígida y don Juan, y nos honró a los amigos ovetenses y a la música con muchos años de fidelidad.
Ligo estas impresiones con las de Felicitas Keller, directora de la agencia Vitoria, fiel amiga de la artista, que nos dejó hace años. Cuando el paso del tiempo afirma valores permanentes y derrumba los de signo artificial, crece, se agiganta y nos rendimos a la pianista genial y persona de bien que fue.
Mis lágrimas a persona tan querida y admirada. Estoy seguro de que, como todos los grandes artistas, Alicia de Larrocha era capaz de sonreír en la agonía de una vida destinada a esfumarse.