Oviedo, Eduardo GARCÍA
Esta obra tiene muchos personajes, pero algunos son centrales. El hígado, que hace de tía generosa y desprendida; el cerebro, que es el niño pijo y maniático; las células, trabajadoras pero un poco tontas; la insulina, que es como la coordinadora general de una fábrica en la que se desarrolla la acción y que viene a ser como nuestro propio cuerpo. El narrador de esta trama de suspense y acción es Joan Guinovart, presidente de la Confederación de Sociedades Científicas de España, la voz de unos 30.000 científicos y un asombroso divulgador. Guinovart se encerró anteayer con un público muy heterogéneo en el Aula Magna de la Universidad y explicó, en clave de guión cinematográfico, los secretos de la diabetes. De pie, con su inconfundible acento catalán, alguien lo calificó de un Buenafuente (más) ilustrado, que a través de su particular monólogo enseña, divierte y hasta conciencia. Ciencia para todos, como debe ser.
«En el fondo, la diabetes es un problema de combustible. Nosotros, los humanos, gastamos dos tipos de ellos: azúcares o grasas», comenzó Guinovart. Cuando hablamos de azúcares, hablamos de glucosa, y tenemos capacidad para guardarla. «La guardamos en los músculos y, sobre todo, en el hígado. El hígado es un órgano generoso, que trabaja para los demás. Es como una de aquellas tías que había antes, preocupadas por toda la familia». Cuando Usain Bolt se pone a correr los 100 metros libres, gasta glucosa; pero no la del hígado, sino la del músculo. Al corredor de maratón le ocurre lo contrario.
«El hígado trabaja, sobre todo, para el cerebro, que es como un niño pijo y maniático; prácticamente lo único que come es glucosa», explicaba Guinovart ante un público envuelto en interés creciente. Y, claro, cuando la glucosa baja muy rápido en la sangre, el cerebro se colapsa. Hay que andar con cuidado.
Vivimos porque nuestro cuerpo tiene capacidad para almacenar glucosa, que nos llega a través de la comida: «No crean ustedes que esto de comer tres veces al día es de siempre. Lo hacemos desde hace sesenta años». Pero nuestros almacenes no son hangares y tenemos limitaciones de almacenaje «que nos sirven como para un día de ayuno». A partir de ahí hay que echar mano de la grasa; pero el cerebro dice que no, que él no «come» grasa. Hay que recurrir al órgano generoso, el hígado, que puede fabricar glucosa a partir de carne. «Es como si empezase a comerse a sí mismo, aprovechando las proteínas». Cuando empieza a entrar glucosa en nuestro cuerpo, hay una llamada general para que se almacene, es un proceso permanente en el que se activan decenas de mecanismos biológicos y que tiene un «cerebro gris», una coordinadora general, que es la insulina, una hormona que fabrica el páncreas y que es una buena administradora «porque sabe gastar siempre lo más conveniente en cada momento».
Todo esto cuando las cosas marchan bien. La diabetes surge como consecuencia del fuego amigo. «Que te maten los tuyos siempre alivia mucho. Algo así ocurre en nuestro cuerpo. Las células productoras de insulina son destruidas por nuestro propio sistema inmunológico, que enloquece. ¿Por qué ocurre esa equivocación biológica? Pues, francamente, no se sabe, pero lo cierto es que se destruye la fábrica». Las células están rodeadas de glucosa, pero no se enteran porque no les llega insulina y todo el proceso ocurre como si la persona estuviera en permanente ayuno. Es el escenario de la conocida como diabetes tipo 1.
Joan Guinovart pronunció su charla en el marco del XXXII Congreso de la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular, que fue clausurado ayer en Oviedo. El investigador recordó que «hace ochenta años, en Canadá, un grupo de científicos logró fabricar insulina, el primer medicamento mágico, capaz de rescatar a un enfermo agonizante. El segundo fue la penicilina». Y vaticinó: «Tengan fe, algún día llegará el medicamento mágico para todo».
Sobre la diabetes tipo 2, Guinovart la entiende como «el resultado de la desobediencia civil de los tejidos» que obliga al páncreas a meter más insulina en el sistema. El catedrático de Bioquímica incidió en la relación de la enfermedad con la obesidad, sobre todo en la grasa de la barriga. Se puede calcular la probabilidad diabética a partir de la medición de la cintura, aunque sea una manera poco científica de hacerlo. «Si una persona mide 90-60-90, pues además de que estará muy bien de tipo tendrá pocas posibilidades de contraer la enfermedad. Si mide 90-130-90, peligro». Vivimos tiempos de bonanza: «Aquel mandato bíblico de ganarás el pan con el sudor de tu frente ha quedado superado. Para qué voy a sudar si tengo la comida en el frigorífico. No sólo no sudo, sino que además me refresco».