Madrid, Eduardo GALÁN
Un público variopinto se arremolinó la noche del jueves en el Aula Magna del Colegio de Médicos madrileño. Mark Knopfler, recién cumplidos los 60 años, presentaba «Get Lucky», su último disco y sexto álbum en solitario, y la ocasión de contemplar en capilla al ex líder de los «Dire Straits» aparcaba cualquier evento de la nocturnidad capitalina. Fito Cabrales, Guillermo Fesser y Javier Pons (director de TVE) habitaron entre humanos encorbatados, fotógrafos de la «Madrid night» y periodistas musicales. Salió el guitarrista con dos cosas claras: la intimidad del lugar (que impulsó a él y a su banda a recorrer un temario de canciones «soft») y el compromiso con sus composiciones en solitario.
La improvisación sólo estalló en el arranque del repertorio. El «Happy birthday» a la guitarra, dedicado al batería Danny Cummings, se transformó en «Why aye man», «single» de «Ragpickers dream». Recordó con dignidad Knopfler el imprescindible «Sailing to Philadelphia» con «What it is» y la canción que da título al disco.
El personal, entregado desde el principio, notó por dónde iban los tiros. Se confirma que Knopfler no viene a agradar sino a ser él (con su desgarbo, su calva y su camisa atropellada), y esa honestidad se agradece una barbaridad en un mundo de rockeros de diseño.
La sustitución de «Walk of life» o «Money por nothing» por «Why worry now» o «True love will never fade» reitera su declaración de intenciones: escoger las buenas canciones y no los «hits», una rutina irreplicable en grandes escenarios.
En el epílogo, «Get Lucky» y «Monteleone» componen el solitario testimonio del nuevo disco, y «This is goodbye» y «Goin' Home», la inevitable despedida a la hora y cinco de «miniconcierto» (eviten «showcase») cumplida. En su polimorfismo aplaude junto el público y reclama bises, mientras Knopfler aborda un coche, un avión y una cama caliente quizás en algún lugar de Escocia.