Los Ángeles, Agencias
Michael Jackson se encontraba «bastante sano», tenía «un corazón fuerte» y su peso era el adecuado para un hombre de su altura, desmintiendo de esta forma los rumores de un estado físico muy debilitado, según reveló ayer la BBC.
Sin embargo, los documentos de la autopsia de Jackson también desvelan que el cantante tenía tatuados tanto los labios como las cejas, además de numerosas marcas de inyecciones en los brazos.
Michael podría haber sufrido a su vez problemas de artritis, así como una inflamación de pulmones. Jackson, que falleció el pasado 25 de junio a causa de un ataque al corazón, también mostraba numerosas marcas y cicatrices de intervenciones de cirugía estética a las que se sometió, calculándose hasta 13 entre retoques de nariz y orejas y varias sesiones de despigmentación de la piel. También lucía un tatuaje oscuro alrededor de la cabeza para disimular su calvicie, sobre todo en la zona frontal, en la que estaba completamente calvo. Presentaba además una gran cicatriz en el hombro derecho.
Pero fue la fatídica mezcla de Propofol con otros medicamentos mal administrada la que le causó la muerte.