Oviedo, M. S. MARQUÉS
«La vida fue desatenta con él» pero no los amigos y compañeros que ayer acudieron en gran número a despedir al catedrático y hombre clave en la prehistoria de Asturias Javier Fortea, un profesor «honesto, generoso y amigo de sus amigos». José Ignacio Fortea, hermano del fallecido, dijo durante las palabras de despedida con las que quiso homenajear a su hermano, que no era justo su temprano fallecimiento. Hacía esta reflexión pensando que como profesor y arqueólogo «se ha ido en el mejor momento de su carrera».
Eran muchos ayer los que pensaban igual, porque Javier Fortea era una persona aún joven -63 años- con muchos proyectos que culminar y una vocación investigadora en la que aún no había dicho la última palabra. Su hermano intervino en un acto de despedida breve y sobrio, aún así comentó que el prehistoriador era poco amigo de homenajes y, por tanto, no estaba seguro de que viera con buenos ojos el reconocimiento con que ayer se le despidió. «Me lo imagino diciendo, con gesto huraño: abrevia, no digas más tonterías», dijo.
La Universidad de Oviedo supo responder y acompañar a uno de los suyos en el último adiós. Con el Rector al frente, fueron muchos los profesores que se acercaron al tanatorio para acompañar a la familia en tan duro trance. También se sumaron compañeros del mundo de la arqueología y antiguos responsables de la Consejería de Cultura, desde Antonio Masip a Amelia Valcárcel, Jorge Fernández Bustillo y Ana Rodríguez Navarro, y cargos actuales como Jorge Fernández León y José Luis Vega, entre otros.
Ante un nutrido auditorio, José Ignacio Fortea describió a su hermano como una persona honesta y entusiasta en todo lo que tuviera que ver con su especialidad, «tal era su entusiasmo con los asuntos relacionados con las cuevas que intentaba contagiarme, sabiendo como sabía que yo me movía en el campo de la prehistoria más o menos como en el del rock and roll».
El primero en tomar la palabra en la sala donde se celebró el acto fue Rafael Sariego. Amigo desde la juventud, esbozó lo que significaba para Fortea el concepto de amistad. «Lealtad era lo que se podía encontrar en él. Sufría por los amigos y tras su gesto aparentemente huraño escondía una infinita ternura». Emocionado, Sariego finalizó diciendo que «Javier no nació en Asturias pero precisamente por eso merece el doble de respeto».
«Dejémonos de festivales para entrar en materia». Así reprodujo Marco de la Rasilla, su más estrecho colaborador, lo que Javier Fortea diría en una situación similar a la que él afrontó ayer. Por eso, De la Rasilla fue al grano. «En los últimos momentos que compartimos hablamos de trabajo y de futuro, de la investigación y de los alumnos, cuestiones que le preocupaban y que seguiremos atendiendo entre todos». Finalmente su hijo Rogelio cerró el acto dando las gracias a los presentes en nombre de su madre y hermano. En ese momento, un cerrado aplauso decía adiós al profesor por encima de las caras desoladas y los llantos de muchos de los discípulos que compartieron con él jornadas de trabajo en las excavaciones que emprendió desde su llegada a Asturias y sobre todo los que ya este año lo echaron tanto de menos en la cueva de Sidrón (Piloña).
El presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, se sumó desde Goteburgo (Suecia) a las muestras de pésame que la familia de Fortea recibió a lo largo de estos dos días. Para el presidente el mejor homenaje al director del proyecto de Sidrón es «continuar adelante con sus trabajos». Areces trasladó sus condolencias a la familia, amigos y compañeros de un arqueólogo de «prestigio nacional». El jefe del ejecutivo recordó la colaboración del fallecido con la Administración autonómica, tanto en sus labores de investigación en Sidrón como en el diseño del Parque de la Prehistoria de Teverga, «que afortunadamente pudo ver concluido».
La muerte de Fortea también tuvo repercusión en la página digital de LA NUEVA ESPAÑA. A los comentarios se sumaron muchos alumnos y ex alumnos que lo recordaron como «un gran prehistoriador y una gran persona». Otro comentario: «La pérdida es muy grande. La de la persona primero y la del maestro e investigador de primera fila después».