Gijón, J. L. A.
El escritor gijonés Mariano Antolín Rato (1943) ha sido designado «Asturiano del mes» de agosto de LA NUEVA ESPAÑA, reconocimiento a una cuidada obra literaria y a la larga y fructífera trayectoria de quien está considerado como uno de los narradores más singulares y de mayor interés del actual panorama novelístico español. Esa carrera, en la que también destaca su labor como traductor ejemplar de algunas obras fundamentales de la literatura contemporánea (de Faulkner a Carver), se ha visto recompensada desde hace años con la atención de los lectores más atentos, el elogio de la crítica y varios premios importantes, el último el «Juan March Cencillo» de novela breve, que la Fundación Bartolomé March le concedió el pasado mes de agosto por «El picudo rojo».
Mariano Antolín Rato ha publicado hasta la fecha una docena de novelas, su principal campo de operaciones literarias, además de ensayos sobre Bob Dylan y budismo zen. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Madrid, colaborador en distintos medios periodísticos, su obra de ficción arranca en 1973, con «Cuando 900 mil Mach aprox», un título que muestra abiertamente las inquietudes de corte vanguardista y experimental que nutrían en aquellos y en posteriores años la escritura del autor asturiano. Por esa novela, a la que se le puso la etiqueta de «conceptismo cibernético» y la de «realismo psiquedélico», obtuvo el Premio de la Nueva Crítica.
Esa vocación experimentalista alimenta el primer tramo de la dedicación literaria de Mariano Antolín Rato, un escritor encuadrado en la llamada «Generación del 68» y en el que son evidentes las influencias y marcas de la cultura de masas, desde el cómic al rock, además de una evidente preocupación por la indagación y el juego lingüístico. Es uno de los narradores que rompe, desde esos presupuestos, con los modos y usos de la novelística española de los años del tardofranquismo.
Esa actitud creadora se mantiene en títulos como «De vulgari Zyklón B manifestante» (1975) o «Entre espacios intermedios: whammm!» (1978) y se prolonga hasta los años ochenta, en los que publica «Mundo araña» (1981), «Campos unificados de conciencia» (1984) y «Mar desterrado» (1988). La crítica ha visto dos etapas claramente diferenciadas en la narrativa de Mariano Antolín Rato. La que ocupa esa primera época, y otra posterior en la que ha ido abrazando una escritura más próxima a los postulados del realismo, de línea figurativa, aunque sin dejar de experimentar con la construcción de la novela, es decir: con la disposición de los elementos que permiten contar una historia de la mejor manera posible. Títulos como «Mar desterrado» (1988), «Abril Blues» (1990), «Botas de cuero español» (1995), «La única calma» (1999), «Fuga en el espejo» (2002) y «No se hable más» (2005) (con estas dos últimas logró los premios «Fernando Quiñones» y «Villa de Madrid», respectivamente) han permitido conocer los matices de una de las voces más personales de la actual narrativa española.
Su última novela publicada es «Lobo viejo», en los escaparates de las librerías desde hace unos meses. Con este título, el escritor asturiano recupera algunos de los personajes más perfilados de títulos anteriores («Botas de cuero español» y «Fuga en espejo») para trazar, a través de las andanzas de Rafael Lobo en su nostálgico «Ford Capri», una desolada metáfora de tintes existencialistas sobre la vejez y la necesidad de la huida. Un sector de la crítica ha visto en esta novela y en Rafael Lobo hilos biográficos del propio Mariano Antolín Rato y una cierta voluntad, pese al pesimismo de muchos tramos del libro, de mantener ondeantes algunas de las banderas de la generación que protagonizó los acontecimientos de Mayo del 68. El autor gijonés vive una espléndida madurez literaria, a juicio de la mayoría de los estudiosos y especialistas. No es arriesgado afirmar, por tanto, que aún habrá otras buenas novelas.