Madrid, Módem Press
Dos años después de su última comparecencia, el pintor Pelayo Ortega (Mieres, 1956) vuelve a exponer sus obras más recientes en la galería Marlborough de Madrid, uno de los templos artísticos de la capital. Para la ocasión, el pintor afincado en Gijón ha preparado una treintena de óleos y acrílicos fechados en 2009 y agrupados bajo el título «Escala espiritual», en los que el artista no renuncia a experimentar con la extensa paleta de posibilidades que ofrece la pintura. Así, utiliza pequeños, medianos y grandes formatos para navegar por buena parte de los «ismos» que los estudiosos del Arte han tenido a bien utilizar en el estudio de la pintura: desde el expresionismo abstracto, al barroco, pasando por el pop, o el minimalismo, Pelayo Ortega se hace heredero de sí mismo y mezcla, aún manteniendo la unidad, estilos, formatos y colores aparentemente contradictorios para conformar cuadros «sin excesiva cocina. Son obras directas pero meditadas, en las que hay un poco de todo. La riqueza de la pintura consiste en jugar con todos los registros», confiesa minutos antes de enfrentarse al público.
La presentación de cada colección, y más aún en un espacio tan imponente como el de Marlborough, sitúa al artista al borde del precipicio. Es el miedo escénico que acuñó Jorge Valdano y que todavía acusa un artista tan experimentado como Ortega, presente interrumpidamente en Arco desde 1993. Para paliarlo, trabajó con maquetas de sus obras y de la galería hasta confesarse «contento con el resultado». Las exposiciones le sirven «para aprender, para distanciarse de la obra y evitar la cercanía excesiva. Entonces es cuando se aprecian los aciertos y los errores».
Ortega sintetiza y depura aspectos de sus trabajos anteriores conformando un conjunto heterogéneo formal «siempre dentro de un camino centrado y manteniendo una idea de limpieza y espiritualidad», según comenta el mierense. Una espiritualidad que le lleva hacia lo trascendente y lo filosófico-religioso -«todos tenemos un acusado sentimiento religioso», afirma- que se traduce, además de en el título de la muestra, en algunos guiños «al mayúsculo Velázquez o a Quevedo ya que todos tenemos que reivindicar nuestros principios y raíces».
Tras mostrar su obra el próximo enero en la sala gijonesa Cornión, Pelayo Ortega espera exponer otra vez en Nueva York y quedarse a trabajar durante unos meses en la ciudad de los rascacielos en busca de estímulos para empaparse de su vitalidad, velocidad y falta de prejuicios, y evolucionar en su concepto pictórico, «aunque sin dar un salto al vacío».