JAVIER MORÁN
Quedábamos en que existe, y se incrementa, cierto espíritu parabolano en la Iglesia católica. Un parabolanismo no cruento, por supuesto; es decir, no con la calidad de los monjes parabolanos dibujados por Alejandro Amenábar en su «Ágora», y que, según el historiador Gibbon, utilizaron conchas del litoral alejandrino para descarnar a la sabia Hipatia (sea certera o no la indagación del historiador británico, resulta de una belleza atroz y paradójica: los apasionados de la encarnación de Dios mondaron los huesos de la filósofa neoplatónica).
Vamos al parabolanismo presente, que no usa conchas ni piedras, pero sí la lengua. Hay quienes, declarándose muy católicos, han atacado «Ágora» apelando a la condición homosexual de Amenábar, declarada públicamente por el mismo director. Excusamos recoger algunos improperios volcados en foros de internet. Sólo añadiremos que nos han enrojecido y que con tales católicos no conviene dar un solo paso al frente.
Otra expresión de ira parabolana católica acaeció hace unos días, cuando algunos obispos declararon que no asistirían con el cuerpo, pero sí con el alma, a la manifestación de ayer contra al ley del aborto. Hay quienes llegan a idolatrar a los obispos hasta que se les atraviesan en un punto: contradecir lo que ellos han establecido como fundamental en sus vidas creyentes, esto es, la batalla a muerte contra Zapatero y sus leyes. Que los obispos no hayan acudido a la manifestación parece una decisión correcta. ¿Argumento? Uno de autoridad: nuestro don Gabino lo ha desaconsejado siempre.
Existe otro parabolanismo -siempre incruento- mucho más preocupante en el presente, y asociado al tradicionalismo radical que ha encontrado hueco en la autorización del Papa Benedicto XVI para celebrar la misa tradicional, de Pío V, tridentina o como ustedes la quieran llamar. Ni qué decir tiene que Benedicto XVI ha sido el primer sorprendido con ciertos sucesos, como el negacionismo del Holocausto por parte del obispo lefevbriano Williamson. Volveremos sobre este parabolanismo.
En cuanto a la manifestación de ayer, ciertamente masiva, la doctrina católica, aun con su radicalidad, ayuda a que la espiral del silencio y de un pensamiento ligero no imponga cualquier afirmación sobre el hombre y los derechos. Aunque se vio a algún parabolano en la manifestación de ayer, mentando a la madre de Zapatero y cosas por el estilo, valga dicha doctrina como contrapeso razonable.