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Este año José Manuel González, el pastelero, ha decidido crear en chocolate un planeta y una «especie de casa», como él denomina a su postre. No sabe muy bien de dónde le vino la inspiración, pero le gusta el resultado de las figuras y están para comérselas. Junto a estas creaciones en chocolate, los invitados también probarán una amplia carta de dulces típicos de la región: casadielles, frixuelos, carajitos de Salas, arroz con leche, minicarbayones y letizias. Dice el pastelero que no sabe cuáles son los preferidos, pero «todo les encanta».
Ayer José Manuel González respiraba tranquilo. Debe de ser ésta la seguridad de la que habla su compañero Julio Monsalvo, el maître, cuando explica que la «disciplina dura» que recibieron desde que entraron a trabajar en el hotel ha tenido su recompensa, y los ha convertido en profesionales. Ahora, ni 3.000 comensales ponen nervioso al pastelero, aunque nunca se relaja. Habla con LA NUEVA ESPAÑA mientras prepara unas tartaletas de manzana.
Al otro lado del mostrador, también en la cocina, entre los fogones, Antonio Castro, de Jaén, aunque «casi casi asturiano», desgrana el extenso menú que se servirá en el bufé de este año, «más regional que nunca», afirma el jefe de cocina. Ibéricos, tablas de quesos asturianos, pastel de centollo, faba verdina con centollo, fabada asturiana, lubina salvaje, solomillo de merluza del Cantábrico, ternera de carne roxa y chamón gobernado serán los manjares que podrán comer los invitados. Antonio Castro dirige la cocina y certifica la calidad de los productos. ¿Nervioso? Tampoco. «Esperando el gran día», asegura.
Explica Monsalvo que cuando entró a trabajar en el Reconquista «teníamos que estar de punta en blanco, nos miraban las manos al entrar, comprobaban que la camisa estuviese bien planchada, nada de anillos, siempre afeitados y el pelo bien corto. Nosotros aprendimos aquí, y aunque las normas eran un tanto autoritarias, nos hizo convertirnos en lo que somos hoy. Nuestra escuela de turismo es este hotel, y nos sentimos parte de él», asegura.
Mesas, sillas, alfombras, jarrones, vasos, platos, cubertería, hasta el más mínimo detalle se cuida para el gran día, en el que los profesionales se lo juegan todo en los premios «Príncipe». «La sensación cuando te metes en la cama la noche después de los premios es la de haberte quitado un muerto de encima», afirma con gracia Julio Monsalvo, que reconoce que para todos ellos y para «el personal que trabaja a nuestro cargo es un honor saber que vamos a sacar adelante el trabajo, confiamos los unos en los otros», sentencia.
A menos de dos días, el Reconquista espera tranquilo la llegada de huéspedes e invitados. Hoy, a diferencia de hace vientinueve años, ya no les tiembla el pulso.