PABLO GALLEGO
Durante años, la sobremesa de buena parte de los hogares de medio mundo ha estado asociada a la naturaleza. Muchos niños hoy adultos crecieron viendo a través de la pequeña pantalla las maravillas del mar y de la tierra contadas por un señor inglés vestido siempre con una camisa azul claro y pantalones beige. El mismo que hoy llega a Oviedo para recibir el próximo viernes el premio «Príncipe de Asturias» en la categoría de Ciencias Sociales por su gran aportación «a la defensa de la vida y a la conservación de nuestro planeta».
A sus 83 años, sir David Frederick Attenborough (Londres, 1926) mantiene una capacidad de sorpresa ante la vida salvaje digna de la audiencia infantil que devora sus programas. No en vano, antes de visitar casi todos los rincones del planeta para ver y filmar animales -su próximo destino es la Antártida-, Attenborough pasó su infancia recolectando fósiles, minerales y especies naturales.
Cualquier profesor de Botánica o Zoología desearía transmitir a sus alumnos la mitad de los conocimientos que este caballero del Imperio Británico, imperturbable amigo de mamíferos y reptiles, ha hecho llegar en medio siglo largo de trabajo en la BBC a más de quinientos millones de personas en todo el mundo. Un Félix Rodríguez de la Fuente a la inglesa. A través de la serie documental «Life» -iniciada en 1979 con «Vida en la Tierra» y que continúa sumando partes (la última, «La vida a sangre fría»)-, Attenborough ha conquistado para la lucha a favor del planeta azul a una audiencia global que pasado mañana le verá de nuevo en la pantalla. Pero, esta vez, sin prismáticos ni botas de goma.