PABLO ÁLVAREZ
Si el grandioso reto de globalizar la salud requería un carácter enérgico, un timonel capaz de adoptar decisiones valientes, Margaret Chan ofrecía, en efecto, el perfil ideal. En su currículum destaca un episodio fundamental. Siendo directora de Salud en Hong Kong hubo de afrontar el primer brote en seres humanos de gripe aviar causado por el virus «H5N1». No le tembló el pulso: ordenó sacrificar millón y medio de aves, una medida que luego fue etiquetada como crucial para contrarrestar la diseminación del virus.
Margaret Chan Fung Fu-chun nació en Hong Kong en 1947, licenciada en Medicina por la University of Western Ontario (Canadá), en 2003 se incorporó a la Organización Mundial de la Salud (OMS), donde ha desempeñado diversas responsabilidades. En noviembre de 2006 fue elegida directora general de esta agencia de las Naciones Unidas galardonada con el premio «Príncipe de Asturias» de Cooperación Internacional. En la carrera hacia ese cargo hubo de dejar en la cuneta a varios adversarios, entre ellos, a Elena Salgado, actual ministra española de Economía.
Su rostro y su estilo han adquirido relevancia pública en los últimos meses. Margaret Chan ha asumido máximas responsabilidades en la lucha frente a la gripe A. Su decisión de declarar la existencia de una pandemia -la primera del siglo XXI- tuvo un impacto mundial. Sus mensajes sobre la evolución de la enfermedad han suscitado todo tipo de reacciones. Ella se mantiene fiel a un principio que defiende con convicción: «A veces aguardar puede ser más nocivo que actuar, aunque no estés totalmente seguro». Si Chan alberga dudas, las disimula perfectamente.