JAVIER BLANCO
Tras algunos éxitos sonados de la ficción española televisiva ( aunque el éxito de algunos es de difícil explicación) le dieron la puntilla torera a «De repente, los Gómez». Asunto duro para actores, directores y demás equipo. Profesionales que curran lo suyo y, que evidentemente, habrán quedado lívidos tras la tarascada. Bien, si algo no funciona se quita. Se quita, especialmente si no te pilla por medio. Todo se ve con claridad total cuando no se es el afectado. Todo se razona muy bien; todo se explica... hasta que le toca a uno. Así que me imagino a todos los que se curraron «De repente, los Gómez» la cara huevo mal frito que se les habrá quedado cuando se llevaron por delante su proyecto casi antes de que familiares y amigos se sentasen ante la tele para verlo. Total, que este mundo va a una velocidad terrible y la televisión dobla esa velocidad. Tampoco está de más que los directivos de las cadenas de televisión se «metan» un Orfidal, o así; y dejar que las cosas duren por lo menos... un par de meses. Más que nada para que dé tiempo a verlo.