-Y los profesores se van para casa antes de tiempo.
-Los que yo conozco llegan a su edad de retiro, pero hay múltiples estudios sobre el estrés docente, algo real. Existe la soledad del aula, pero la falta de apoyo no sólo es de los alumnos y de sus padres, también es institucional, de los directivos de los centros, de la Inspección, del consejo escolar...
-¿Mandar a un niño a casa, expulsado una semana, sirve de algo?
-Es peor el remedio que la enfermedad. Hay que ir a sanciones educativas compensatorias que busquen restituir el daño, trabajar la mediación escolar y evitar el yo gano y tú pierdes.
-A lo mejor, lo que hay que hacer es poner normas.
-Hay que trabajar las normas en el aula, consensuándolas con los alumnos, que da buenos resultados. Es la mejor forma de que se interioricen. Y aplicarlas, porque el niño necesita límites
-¿Percibe mucho nostálgico de la escuela pasada?
-Yo recuerdo haber vivido una Primaria nefasta, lo que pasa es que la transición ha sido muy corta, y ha llegado el momento de reflexionar en alto y ponerse a trabajar.
-Nuestros escolares se pasan media vida cargados de libros, para acabar la Secundaria sabiendo lo justito.
-De poco sirve llevar la mochila llena de libros si el niño no encuentra motivación al esfuerzo que se le está pidiendo. Los resultados de su trabajo el escolar los ve muy lejos. El reto está en desarrollar una ilusión en el alumno, y, por desgracia, hay un alto porcentaje de escolares que no logran ilusionarse.
-¿Y ellos, los alumnos? ¿Qué ponen de su parte?
-Lo primero que debe asumir un niño es que para aprender se necesita esfuerzo personal. Y tener las obligaciones claras: saber lo que tiene que hacer y que lo tiene que hacer bien.
-¿El «café para todos» en detrimento de la calidad de la enseñanza es buen sistema?
-Se puede trabajar con ritmos diferentes en una misma clase, el profesor tiene habilidades para ello. Todo profesor se va a encontrar con dos o tres niveles distintos en el aula.