LAURA GONZÁLEZ
Maestra y psicóloga, experta en necesidades educativas especiales
Oviedo, Eduardo GARCÍA
-¿Horas bajas para el profesorado?
-No creo que se trate de un problema de autoestima, sino de la convicción de que la sociedad no valora adecuadamente el esfuerzo. Hay dejación de funciones por parte de muchos padres y todo ello contribuye a socavar la ilusión a la hora de afrontar el día a día.
Laura González es psicóloga y maestra centrada en necesidades educativas especiales y la multiculturalidad en las aulas. Ha sido coordinadora de educación especial en la Consejería de Educación, asesora de formación permanente del profesorado, con el último destino profesional en el Centro de Profesores y Recursos de Oviedo, y es autora y coordinadora de diversas publicaciones de ámbito educativo. Laura González se jubiló al inicio de este curso «para seguir llevando a cabo nuevos proyectos».
-¿Cómo solucionar la crisis de autoridad?
-En las aulas hay en ocasiones problemas muy serios. No se puede desautorizar la voz de un profesor, pero hasta qué punto puede un docente convertirse en autoridad pública sancionadora. La autoridad del profesor tiene que ser real, percibida, entre otros, por los padres. Y que la familia asuma que el profesor no es el único que educa.
-¿Tan grande es la dejación de funciones de los padres?
-La constatamos permanentemente. Un docente no puede asumir las funciones que le corresponden a un padre.
-¿Es tan frecuente el caso de padres que no tienen ni un solo contacto con los tutores de sus hijos a lo largo del curso?
-En Infantil y Primaria no, pero llega la etapa de Secundaria y para muchos padres es como si su hijo se convirtiera en un ente independiente. Según va creciendo el niño, los padres empiezan a no sentir la necesidad de acudir al colegio.
-Una fórmula alternativa: que los contactos sean obligatorios.
-Se tendrían que arbitrar medidas de colaboración, sí.
-¿Un alumno puede acabar con una clase?
-Puede hacerlo y, además, lograr que un profesor acabe de baja laboral. Son casos extremos y ni siquiera así se puede arrojar la toalla. Los organismos educativos tienen herramientas para enfrentarse a esas situaciones. El problema es que al profesor le faltan recursos dentro del aula. A veces te encuentras con un niño que no cumple las normas, que falta al respeto, que pasa de todo... y detrás de él unos padres que no apoyan al profesor. Y hay que aceptar que existen problemas de conducta muy serios que no pueden resolver por sí solos los docentes.
-Le cuento un caso real: primer día de clase, 2º de ESO en un colegio asturiano. Entra la tutora a las nueve de la mañana. Un alumno, repetidor, dice en alto: «¡La hemos jodido!, la Fernández [apellido supuesto] de tutora». La profesora se para en seco y le manda al pasillo.
-Hay casos conflictivos en todos los centros. La primera pregunta que se me plantea es cómo ha llegado este adolescente a esa situación y por qué. ¿No hubo un diagnóstico anterior? ¿No funcionaron los apoyos necesarios? Tenemos la obligación de buscar herramientas necesarias, alternativas educativas, fórmulas de respuesta...
-Me pongo en el pellejo de la profesora.
-Claro, al profesor esas cosas le hunden, pero, insisto, ese niño que se comporta de esa forma tiene una historia detrás.
-¿Un caso perdido?
-Por coherencia no puedo creer que la escuela no haya podido modificar las conductas de un niño a lo largo de los años, curso por curso. Ni que no haya nada que hacer. Se trata de un adolescente.