POR CAROLINA G. MENÉNDEZ
Dos mil quinientos kilómetros separan Cochabamba, en Bolivia, de Río de Janeiro, en Brasil, pero son muchos los aspectos que comparten ambas ciudades iberoamericanas. Hay uno que por sus llamativas proporciones resalta de forma especial. Se trata de la gigantesca imagen de Jesús con los brazos extendidos que preside las dos urbes. Se dice que la boliviana es la escultura de Cristo más grande del mundo, superando en apenas dos metros a la renombrada imagen carioca que se alza en el cerro del Corcovado. La obra, realizada por el artista César Terrazas Pardo y ubicada en la cima del cerro San Pedro, alcanza los 40 metros, frente a los 38 de la brasileña. Estas medidas incluyen el pedestal, de 6 metros de alto el primero y de 8 el segundo.
Tanto el Cristo de la Concordia de los cochabambinos como el Cristo Redentor de los fluminenses fueron creados como un símbolo de fraternidad, de unión y hospitalidad de sus pueblos. Los dos representan la protección sobre sus respectivas ciudades.
Igualmente, ambas esculturas están situadas en lugares prominentes, a los que se accede por carretera o bien en teleférico en el caso de Cochabamba, bien en un tren eléctrico en Río de Janeiro. Los dos emplazamientos ofrecen al visitante una estampa espectacular de una y otra ciudades. El Cristo de la Concordia mira hacia el valle de Cochabamba, situado a algo más de 2.500 metros de altura sobre el nivel del mar, una tierra fértil, plena de campos de cultivo, así como de valiosos vestigios de la cultura inca y que aún conserva un coqueto y encantador aire colonial.
Y el Cristo Redentor, inaugurado en 1931 y del que son autores el ingeniero Heitor da Silva Costa, el artista plástico Carlos Oswald y el escultor francés Paul Landowski, se asoma a las famosas playas de Copacabana, Ipanema, Lebron, Barra do Tijuca y San Conrado. Una y otra imágenes invitan a la paz. Ascender a sus cerros, observar su grandiosidad y contemplar el paisaje que las rodea recocija la vista.