JAVIER MORÁN
El teólogo Hans Küng, que trata de tú al Papa Benedicto XVI, ha escrito una tribuna durísima contra el pontífice a causa del retorno de los tradicionalistas anglicanos al seno de Roma.
Küng es un tipo muy brillante, pero su soberbia rebasa cualquier medida. Admiramos su obra, que ofrece una perspectiva crítica sobre la Iglesia, pero nos desconcierta ese modo de personalizar ahora mismo los problemas del catolicismo en la figura de Benedicto XVI. No obstante, reconocemos que el acercamiento ofrecido por el Papa a los tradicionalistas católicos y anglicanos, junto con la recuperación de la liturgia anterior al concilio Vaticano II, está creando turbulencias indeseables.
Respecto a Küng y Benedicto XVI, y a cómo el primero define al segundo, es francamente recomendable leer la introducción al segundo tomo de memorias del teólogo suizo, donde establece una serie de paralelismos y divergencias con Ratzinger que se sitúan entre la crueldad y el esclarecimiento.
Otro pasaje ilustrativo de Küng se halla en el primer tomo de sus memorias, donde explica cómo acabó mal con Rahner, al que reprochaba su método dialéctico de criticar los dogmas de la Iglesia para regresar en el paso siguiente a una comprensión plena de la dogmática católica.
Tal fue el camino que rechazó realizar Hans Küng, que lamentablemente se situó fuera de la Iglesia.