Oviedo, Ch. N.
El gran actor y el gran humorista era, repiten todos, un hombre correcto, formal, discreto, más bien silencioso. Lo evocan también bajo esos focos de luz suave, sin disonancias, los asturianos Juan José Plans y Eduardo Antuña. El primero lo tuvo de invitado en la gala inaugural del Festival de Cine de Gijón, cuando Plans estaba al frente del certamen. El segundo, Antuña, compartió con él cartel hace cuatro años en «Tres hombres y un destino», una función teatral que completaban Agustín González, fallecido durante aquellas representaciones, y Manuel Alexandre, el único superviviente del trío protagonista.
Eduardo Antuña reiteraba ayer la excepcionalidad de aquella función: «Porque era la primera vez que ellos tres hacían teatro juntos, y para mí era ver, oír y aprender. Era como una esponja que estaba viendo a estos tres monstruos, como un adolescente, fue una experiencia inolvidable».
La obra funcionó muy bien, vendió todo el papel durante semanas en el Reina Victoria, luego Agustín González se murió y la gira siguió con Juan Jesús Valverde. Ahora Antuña destaca por encima de todo la entrega a la profesión de López Vázquez y sus compañeros: «Eran muy mayores y sólo lo hacían por vocación, lo que para mí resultaba alucinante. El recuerdo que me queda de ellos era la tranquilidad con que estaban en el escenario. Y eran muy disciplinados, sin cosas de estrellona».
Ahora que sólo queda Manuel Alexandre -«lo estará pasando mal, ya le sucedió con Agustín», apunta Antuña-, el actor de Tuilla traza el dibujo de López Vázquez como «una persona muy correcta». «Tenía las cosas muy claras y era muy profesional. Le gustaba lo que estaba haciendo y disfrutaba».
De las pocas visitas a Asturias de López Vázquez, casi siempre con alguna función teatral, destaca su presencia como invitado en la gala inaugural del XXX Festival de Cine de Gijón. Su director en aquellos años, Juan José Plans, lo conocía de sus años en Madrid y pudo traerlo. Era el año 1992 y, resume ahora Plans, «estuvo como solía ser él siempre, muy correcto. Y tan discreto como era habitual en él». El juicio sobre sus pocas maneras de estrella vuelve aquí a repetirse. López Vázquez accedió a venir a Gijón a cambio de casi nada. «Y en aquella época en que las administraciones querían estrellas y siempre parecía poco», sigue Plans, «la rueda de prensa de López Vázquez fue multitudinaria, porque él siempre pareció mucho».
De el actor que puso en el escenario otra forma de interpretar se queda Plans, como Antuña, con su paso tranquilo por Gijón, metido en todas las proyecciones, dedicado a ver películas. Discreto. Entregado.
Personalidades de la cultura, familiares y el público al que durante décadas hizo reír y llorar estuvieron presentes ayer en el teatro María Guerrero de Madrid para despedir a José Luis López Vázquez en el escenario en el que debutó en 1940. La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, y el director del Centro Dramático Nacional, Gerardo Vera, recibieron el féretro junto a la familia, y durante toda la tarde personalidades de la escena como Almodóvar, Marisa Paredes, Concha Velasco o Carmen Sevilla peregrinaron ante su restos, en la imagen.