Oviedo, P. R.
Viernes, 24 de junio de 1993. Los sindicatos de la enseñanza asturianos habían convocado una manifestación en la plaza Riego de Oviedo para protestar por la decisión de la junta de gobierno de la Universidad de rechazar la inclusión de la asignatura optativa de Asturiano en el nuevo plan de estudios de Filología. Muy cerca, en el Paraninfo de la Universidad, el escritor Francisco Ayala, fallecido el pasado martes a los 103 años, se disponía a pronunciar una conferencia titulada «La revolución TV», organizada por Hidrocantábrico.
Al finalizar la marcha, un pequeño grupo de manifestantes exaltados, en su mayoría adolescentes pero también varios adultos, irrumpió en el recinto universitario al grito de «¡fascistas, fuera de Asturias!», lanzando monedas y huevos contra los asistentes. Un sindicalista llegó a romper la cámara a un joven que trataba de tomar fotos del suceso.
Los alborotadores, según publicaba LA NUEVA ESPAÑA al día siguiente, lograron su objetivo pero no sin antes escuchar unas duras palabras de Francisco Ayala, entonces 87 años, Premio Nacional de Literatura, «Príncipe de Asturias» de las Letras y «Cervantes», y con más de treinta años de exilio en su biografía. El autor de «Diálogo de muertos. Elegía española», fiel a su sentido común y a su viva inteligencia, aseguró que de todas las experiencias de la vida se aprende algo. «Lo que he visto me permite entender mejor lo que ocurre en Yugoslavia». Ayala comparó a los exaltados con los milicianos que, en aquellos tiempos, cometían violaciones y todo tipo de atrocidades en los frentes de Bosnia.
José María Martínez Cachero, catedrático emérito de la Universidad de Oviedo, amigo de Ayala y uno de los asistentes a la charla, recuerda que tras unos minutos de dudas, «se decidió que lo mejor era suspender la conferencia y que se publicara. Recuerdo que nos marchamos todos muy disgustados».
En la charla, publicada un mes más tarde, Francisco Ayala reflexionaba sobre los «efectos revolucionarios» que tenían en la sociedad los medios electrónicos, sobre todo la televisión. Según el escritor, la pantalla televisiva se había constituido en «el foro de la vida pública en general y de la actividad política en particular».
Ayala advertía, asimismo, sobre la responsabilidad de los profesionales, «autoridad idiomática en la sociedad actual», en el uso y difusión correctas de la lengua. Profético y sabio, añadía: «Lo negativo está sin duda en el prurito de rebajar los niveles, poniendo las emisiones al alcance de la más elemental comprensión y vulgar sensibilidad, para, de este modo, ampliar al máximo el auditorio».
Durante una visita de Francisco Ayala a su Granada natal en 2006, con motivo de su centenario, recibió una copia facsímil de sus notas de adolescente, cuando estudiaba en el instituto. El escritor, Premio Nacional, «Príncipe de Asturias» y «Cervantes», lo agradeció. «Me gusta que se conozca para que se vea cómo un estudiante mediocre, con notas de todo tipo y nada brillante, puede conseguir un premio "Cervantes"». En las fotografías sobre estas líneas, Francisco Ayala, en su despacho, y una copia de sus calificaciones.