Oviedo, M. S. M.
Máxima autoridad en lengua española y en el español de América, Humberto López Morales, secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española, tiene tras de sí un currículum sorprendente que lo convierte en uno de los académicos con más doctorados (25) del ámbito universitario. A ellos suma una importante labor como especialista en sociolingüística y teoría aplicada, y en lexicografía, principales líneas de sus investigaciones.
A estos méritos, López Morales suma hoy su participación como conferenciante de la Cátedra Alarcos, de la que es a su vez consejero asesor. La charla se celebrará, a las siete y media de la tarde, en el Paraninfo de la Universidad de Oviedo, con el título «América y la unidad de la lengua española». Será presentada por el profesor Félix Fernández de Castro. El conferenciante tratará de explicar de forma didáctica el papel que juega Hispanoamérica en la unidad de la lengua española. Para ello tomará elementos basados en el léxico, ya que «el hablante hispano tiene un 80 por ciento del léxico compartido con todas las variedades del español», afirma. Por tanto, es en ese veinte por ciento restante donde están las diferencias dialectales. Un ejemplo es la palabra acera, que según el país se puede llamar banqueta, vereda..., pero los hablantes formados recurren, cuando es necesario utilizar la lengua culta, a la palabra del español general. «El 90 por ciento del vocabulario es común y, aunque no lo hablemos, lo entendemos», afirma,
Si alguien conoce bien la salud del español del otro lado del Atlántico ése es López Morales. Catedrático honorario de muchas de las unversidades hispanoamericanas y presidente de distintas asociaciones vinculadas a la lengua, ha sido profesor visitante en España y otros muchos países, y ha impartido cursos y conferencias en más de doscientos centros universitarios. En su obra científica se contabilizan más de cincuenta libros.
El académico, que considera a Emilio Alarcos «maestro indiscutible de todos los que hoy somos algo en el mundo de la lingüística», se doctoró en 1962 en Filología Románica en la Universidad Complutense de Madrid. Nacido en La Habana en 1936, adquirió su virtuosismo lingüístico en Puerto Rico y, según alguno de sus discípulos, «la suya es una voluntad férrea de bregar por la defensa del español a ambos lados del Atlántico, concediendo a las palabras americanas los mismos derechos que a las nacidas en España».