Oviedo, M. S. MARQUÉS
La Facultad de Filología retoma diez años después la literatura del exilio. Los nombres de muchos de los autores que se vieron forzados a dejar su país en 1939 están siendo objeto, cuando se cumplen setenta años de la terminación de la Guerra Civil, de una revisión crítica a cargo de profesores y expertos reunidos estos días en Oviedo. El congreso internacional «Setenta años después. El exilio literario español de 1939» es continuación del celebrado hace ahora diez años por iniciativa de Manuel Aznar Soler, catedrático de Literatura Española Contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona y director desde 1992 del Grupo de Estudios del Exilio Literario.
El profesor Antonio Fernández Insuela, de la Universidad de Oviedo, reconoció durante la inauguración del congreso los méritos de Aznar Soler, «porque suya fue la idea de aquel congreso al que se unieron más de una docena de universidades españolas con el objetivo de recuperar críticamente la labor de la literatura del éxodo causado por la Guerra Civil». Durante su intervención quedó de manifiesto «la importancia de los trabajos de cientos de investigadores y los testimonios de los supervivientes para conocer mejor lo que significó aquella forzosa diáspora».
Tras un breve repaso por lo que en la última década se trabajó sobre el exilio literario asturiano, Insuela se interrogó sobre lo que aún queda por hacer. A su juicio, lo primero debe centrarse en la publicación de las colecciones de cartas que existen. Distinguió entre los poseedores que se niegan a facilitar el acceso a esos materiales y los que, como Luis Miguel Rodríguez, heredero de Alejandro Casona, son todo generosidad.
Para recuperar esa documentación no dudó en referirse a la necesidad de una política editorial continuada y de ayudas a los estudios en este campo. «Aún hay autores poco estudiados y tarea no falta», subrayó, para considerar la necesidad de contar con un centro de documentación sobre el exilio asturiano, que podría estar vinculado a alguna de las instituciones culturales que ya existen.
Cerró su intervención recordando al recientemente fallecido Francisco Ayala, un intelectual que en 1937, siendo decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid, firmó un escrito de protesta por la condena a muerte del rector ovetense Leopoldo Alas Argüelles, y más tarde se fue al exilio.
Francisco Ayala fue uno de aquellos intelectuales que se vieron forzados a abandonar su patria. También lo fue Álvaro de Orriols, el dramaturgo que había estrenado con éxito sus obras en Madrid y Barcelona durante la República y que en 1939 tuvo que partir.
El profesor Aznar Soler analizó ayer una de sus obras inéditas «Campanarios», un drama político-social, cuya acción se desarrolla en un pueblo cualquiera de España. «La obra constituye un ejemplo perfecto de ese teatro político que Orriols defendía y practicaba, un teatro en el que se servía del melodrama como estrategia dramatúrgica para interesar a un público popular». La obra concluye con el himno de Riego, al que Aznar Soler rindió ayer homenaje.
Gloria Bahamonde, profesora de la Universidad de Oviedo, se centró durante su intervención en «El exilio y la renovación narrativa: la credibilidad del narrador» en «A esmorga», de Eduardo Blanco Amor, una novela que fue llevada al cine por Gonzalo Suárez con el título de «Parranda».
De Carlota O'Neill habló Virtudes Serrano, catedrática de la Universidad de Murcia. O'Neill, apresada en 1937, traslada sus vivencias en las cárceles del franquismo a su biografía «Una mujer en la guerra de España».