Oviedo, M. S. MARQUÉS
Alejandro Casona (Besullo, 1903-1965) dejó España en 1937 para establecerse dos años después en Buenos Aires. Allí siguió escribiendo guiones de cine, colaborando en los medios de comunicación y presentando con éxito su teatro.
El dramaturgo asturiano no podía faltar en las jornadas sobre el exilio literario español, que se desarrollan estos días en la facultad de Filología, y fueron varias las comunicaciones que se centraron en su figura. La presentada por el profesor Miguel Ramos Corrada repasó la recepción crítica de Casona en Buenos Aires, en los años 50.
En esa época estrenó cinco obras, funciones dirigidas a un público culto y urbano y alejadas del drama popular y vanguardista que sus seguidores rehuían. Si en los años cuarenta el ambiente era bastante favorable a su trabajo, entrados los cincuenta las cosas empezaron a cambiar. Por un lado, el público sigue sin considerar su teatro autóctono, argentino, y eso le duele. En una de sus cartas a Max Aub vaticina la llegada de una época difícil y se queja de que veinte años de éxitos no le permiten tener asegurada la vida de los suyos.
Por otra parte, en las dificultades que va a encontrar para estrenar sus obras influye también el descenso en el número de salas y el auge de un cierto nacionalismo que llega de la mano del general Perón. Desde algún sector republicano se le acusó de no haber tenido nunca choques con el peronismo pero él se confesó «animado» cuando Perón fue derrocado en 1955. En esos años también se produce un distanciamiento del escritor con la colectividad de exiliados. El público salía contento de sus obras pero los compatriotas criticaban su vena lírica y sentimental, hubieran querido un mayor compromiso.
La crítica rechaza lo onírico, lo sobrenatural, los ambientes mágicos tan presentes en su teatro y empieza a ser desfavorable. «Se le considera poco original y se cuestiona su tendencia a la fantasía y los preciosismos verbales, su propensión a lo sentimental, en ocasiones no exento de cursilería». Aunque el público responde mejor que la crítica a su teatro, se prefiere el drama rural y lo pegado a la realidad. Para algunos críticos su producción era anacrónica y presentaba deficiencias en el desarrollo de la trama. Casona se sintió ninguneado y tuvo algún enfrentamiento con los críticos. Este cúmulo de circunstancias acabó precipitando su regreso a España en 1962.
Otro de los aspectos que se analizaron ayer fue el del Casona de las charlas radiofónicas. La profesora M. Jesús Ruiz Fernández, de la Universidad de Cádiz, presentó el proyecto de digitalizar y editar las charlas radiofónicas (algo más de trescientos textos) que el escritor emitió desde Chile, Montevideo y Buenos Aires. Fue el propio Casona quien trajo ese material a su regreso a España. La profesora, que ve en esos testimonios «un reflejo de su actividad allí», habló de los momentos de aparente misantropía que el escritor tuvo en el exilio. «En los últimos años fue alejándose de las conferencias y recluyéndose en el silencio. Durante 400 charlas sostuvo conversaciones con un oyente silencioso». Esas conversaciones coinciden con su etapa de mayor actividad periodística y, según la profesora, se puede apreciar en ellas la dimensión literaria-oral, su vinculación al ideario pedagógico o los nexos con las escrituras de vanguardia españolas y extranjeras.