Oviedo, M. S. MARQUÉS
Los restos prerrománicos del palacio arzobispal de Oviedo tienen alto interés patrimonial pero no la suficiente entidad para plantearse su exposición pública. Lo que queda de los muros de un edificio de la época de la monarquía asturiana salió a la luz durante las obras que debían ampliar la altura de los bajos del palacio episcopal, donde la Iglesia tiene previsto instalar el Archivo diocesano.
Las excavaciones iniciadas para rebajar unos treinta centímetros el suelo de los locales, con el fin de abrir hueco para encajar los armarios archivadores, dejaron al descubierto los restos del edificio prerrománico. Se trata de varias hiladas de la base de antiguos edificios que estuvieron situados donde después se alzó la sede arzobispal, ubicada en la llamada Corrada del Obispo, de Oviedo.
Al tiempo que se descubrieron las estructuras prerrománicas también se pudo constatar lo que los técnicos consideran un problema estructural grave del edificio, que ha obligado a intensificar las obras de refuerzo de los pilares y de los muros perimetrales y a sustituir las zapatas de hormigón de los años cuarenta para salvar la construcción de un alto riesgo de derrumbe.
Ese trabajo obligó a realizar zanjas paralelas a los muros para rellenarlas posteriormente de hormigón, intervención que, según los técnicos de la Consejería de Cultura, no perjudica en forma alguna a los restos prerrománicos que están siendo estudiados por los arqueólogos que supervisan la obra. Tras su estudio se conservarán tapados y tal como aparecieron. Desde Cultura subrayan el alto interés de los restos, cuya protección ha determinado la reforma del proyecto inicial pensado para los locales. «Las obras se están realizando con la colaboración total de los propietarios del edificio y el objetivo es hacer habitables los bajos respetando los antiguos muros prerrománicos».
La existencia de los restos bajo el palacio episcopal era conocida desde los años cuarenta del siglo pasado. Una excavación realizada entonces en esos terrenos por José María Fernández Buelta y Víctor Hevia antes de que se iniciara la reconstrucción del edificio arzobispal, destruido durante la Revolución del 34, ya sacó a la luz lo que los expertos consideraron estructuras del palacio de Alfonso II. Buelta y Hevia descubrieron las trazas de antiguas edificaciones en la totalidad del terreno y en parte de la Corrada del Obispo. Los restos se extendían por el Tránsito de Santa Bárbara introduciéndose en el Jardín de Pachu y dando claras pistas de que se trataba de un gran edificio. En la actualidad no hay acuerdo entre los expertos sobre la entidad de la citada construcción.