Gijón, J. C. GEA
Festivales de todo el mundo han recibido con calidez «Mal día para pescar», y Gijón no fue una excepción. La coproducción hispano-uruguaya con la que Álvaro Brechner se ha atrevido con la particular mitología de su paisano Juan Carlos Onetti recibió ayer los primeros aplausos de la prensa, en reconocimiento a un proyecto con el que el realizador se ha «apropiado» de una historia que le «retumbaba en la cabeza» desde que la leyó.
«La clave está en tomar la anécdota y llevarla a un universo cinematográfico de forma natural», señaló Brechner acerca de esta historia ambientada en el territorio mítico de la Santa María onettiana, al que llegan un viejo campeón de lucha y su trapacero mánager. La historia desarrolla en tono tragicómico los efectos de ese hecho en Santa María y en ellos mismos, buscando un «tono de fábula, de "érase una vez", cercano al mundo del western», que en algún momento -como en el combate final- ha querido «epifánico, más cercano al mito que a la realidad».
«El western es un género que no deja de hablar de hombres frente a un destino ineludible, y en el que se produce una suspensión del tiempo en un clima crepuscular, de enfrentamiento con la muerte», argumentó el director, uno de cuyos logros más valorados ha sido la intemporalidad que transmite la ambientación. «Eso puede ser un problema cuando tienes un presupuesto limitado, pero no en Uruguay, donde hay muchos pueblos congelados en el tiempo».
Buena parte de la favorable acogida de «Mal día para pescar» se explica por el trabajo de Gary Piquer, protagonista y también coguionista. El actor describe su Príncipe Orsini, también inspirado en los charlatanes ambulantes del western, como «un vendedor de sueños, de pociones mágicas, un quijote que perdió la fe y que no cree lo que está diciendo hasta que al final se ve que era la verdad».
El asturiano Tomás Cimadevilla, coproductor del proyecto, atribuye también la pegada del largometraje al hecho de que narra «una historia muy universal con códigos muy clásicos». «Es una película de las que ya no se hacen, pero en la que se mezclan géneros y códigos modernos que se entienden en todo el mundo», agregó Cimadevilla, que no disimuló su contrariedad por el hecho de que «Mal día para pescar» no haya recibido apoyo de ninguna televisión en España -lo que dificulta seriamente su distribución-, «a pesar de que la producción es española al 70 por ciento y la mayor parte del equipo es español». «Al final nos hemos quedado en medio de la nada, como los protagonistas errantes de la película», ironizó el asturiano, partidario de la fórmula de producir «películas más comerciales para luego invertir en este tipo de cine, más personal».