Gijón, J. C. G.
«No es una película contra nadie; es contra la generalización y el racismo». Con este argumento defendió ayer el rumano Bobby Paunescu su película a concurso, «Francesca», ante la polémica suscitada en Italia por las frases de uno de sus personajes, en las que llama «puta» a la diputada Alessandra Mussolini y acusa a los italianos de cometer tremendos abusos contra los inmigrantes rumanos. En su personaje, de hecho, Paunescu ha querido mostrar los «prejuicios que existen en Rumanía» -que, «en realidad», admitió, «es más racista que Italia»- hacia un país que hoy alberga a 1,4 millones de rumanos a los que «se está intentando utilizar como chivos expiatorios como consecuencia de una increíble ola de racismo». A la espera de lo que digan finalmente los tribunales, que ya han apoyado al realizador en primera instancia, el director, residente desde hace años en Milán, declaró su «amor» y gratitud hacia Italia, y señaló que «Francesca» es ante todo una descripción «tan honesta como ha sido posible» acerca de la «crisis de identidad» de los rumanos: «Una sociedad multiétnica que tiene mucha energía pero que atraviesa un momento difícil».