Gijón, J. C. GEA
«Cosas que recuerdo, cosas que me han contado, cosas que he soñado». Éstas son las tres fuentes cuyos caudales se mezclan en «Frontier blues», el largometraje del iraní Babak Jalali que debería haber optado a lo más alto del palmarés de este año en Gijón, pero que, por un accidente que retrasó la llegada de la copia, tendrá que conformarse con la moderada aprobación que suscitó su parsimonioso y suavemente humorístico lirismo. A pesar de que tuvo que ser vista en DVD, la cinta de Jalali dejó clara su capacidad para transmitir con una cuidada fotografía y puesta en escena el espíritu de la tierra natal del realizador: la frontera norte de Irán con Turkmenistán. «Un extraño lugar muy poco representado en el cine, en el que se mezclan la estepa, la montaña y el mar Caspio» que, según el joven realizador, están impregnados de «una sensación de melancolía» que justifica el título de su película.
Aunque reside en Londres desde los 8 años, Jalali siempre ha guardado una conexión viva con su Gorgan natal y todo lo asociado a esa zona, que ya intentó reflejar en un trabajo previo sobre la minoría turcomana. Pero constató que «las cosas han cambiado» y la imposibilidad de reflejar «elementos de la vieja cultura que ya no existían» y cuya búsqueda hubiera podido «forzar un exotismo que se asocia a las minorías» étnicas, «una trampa en la que todo el mundo cae»: Esa circunstancia aparece reflejada en su película en la figura del fotógrafo de Teherán que viaja por la frontera con un viejo trovador y unos niños, empeñado en documentar una realidad que ya no es la de este tiempo.
A pesar de provenir de un país cuya cinematografía es una de las más prestigiadas del mundo, el director se desmarcó de cualquier influencia de sus compatriotas, salvo de un semidesconocido director de los 70 que «cambió» la vida del adolescente Jalali. Sus raíces cinematográficas, bien patentes, beben de Kaurismaki, Ozu y el español Víctor Erice, de cuya poesía esencial bebe el largometraje, en el que también hay algo del humor contenido del primero.
También dejó claro Jalali que su cine no se decanta en absoluto hacia la política, pero que eso no impide que él mantenga una postura muy clara ante el momento de contestación que se ha desencadenado tras las últimas elecciones en Irán. Jalali dijo «desear lo mismo» que «cualquier otro profesional que se está manifestando» -«un régimen libre, democrático y no religioso»-, pero que no por ello siente la necesidad de defender esa causa con su cámara; opción que, dijo, ha estado «en sus pensamientos».