J. C. GEA
Una vez más este año -como en «Mal día para pescar», «Humpday», «Welcome» y «Soul Kitchen»- la sección oficial de Gijón 09 hace entrar en encuadre a dos hombres en situación límite, y una vez más narra el modo en el que la presión de ese límite acaba trenzando una relación especial entre ellos. El conflicto que alimenta la agradable y bienintencionada fábula casi teatral «The good heart», del islandés Dagur Kári, es el de dos seres absolutamente opuestos: un viejo misántropo abonado a los infartos, que interpreta con ruido y furia casi shakespearianos el masivo Brian Cox, y una especie de buen salvaje que rescata de las calles, y que ha fracasado en su intento de apartarse primero de la sociedad y después de la vida (Paul Dano, perfecto en su papel de alelado).
Sobre el trasfondo de un mugriento y pintoresco bar olvidado en un callejón de Nueva York cuya supervivencia importa al terrible misántropo más que ninguna otra cosa en el mundo, ambos sellan una suerte de pacto social de mínimos en el que, al final, los latidos del buen corazón bombean el destino de los personajes, levemente perturbado por la irrupción de una joven también extraviada que busca refugio en el bar.
Todo el humanismo de «The good heart» se vuelve tragicomedia negra -con esa negrura gélida que abunda en el humor de los Países Bajos- en «The last days of Emma Blank», que recuerda a la estupenda «Familia» de León de Aranoa, pero que no llega, ni de lejos, a su tino a la hora de criticar la institución familiar. Con todo, hay que reconocerle a Alex van Warmerdam sus momentos de humor cáustico y una excelente fotografía y planificación de escenas.