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«La historia y la belleza te protegen; las ciudades son mi familia»

«La gente que tiene talento y seguridad en sí misma acepta las críticas y no se enfada»

 
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José Luis García Martín.
José Luis García Martín. jesús farpón

JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN Profesor, escritor, crítico y director de la revista «Clarín»

Oviedo, Pilar RUBIERA
José Luis García Martín (Aldeanueva del Camino, Cáceres, 1950) es maestro en entretejer vivencias, casi siempre ligadas a la literatura, pero pegadas a su realidad vital. Trabajador infatigable, en este último año ha publicado «Hotel Universo», una nueva entrega de sus diarios; «Eternidad en vilo», estudios de poesía española contemporánea, de Emilio Alarcos, en edición crítica; «El misterio del mundo», antología de Fernando Pessoa, y «La mañana», una antología poética de su obra, en búlgaro y en español. Dirige desde hace catorce años la revista «Clarín», da clases en la Universidad de Oviedo, es colaborador de LA NUEVA ESPAÑA y asiste a varias tertulias. Poeta, ensayista, narrador y crítico, escribe todos los días unas dos horas y viaja siempre que puede. Él se define como «un solitario al que le entusiasma la gente».

«Si tuviera que estar todo un día en casa me moriría. No necesito ir siete días a una casa rural para desconectar, eso me parece una pesadilla. Desconecto todos los días ochenta veces. En casa escribo. Leo en una cafetería y estoy a gusto allí. Los sábados voy a Avilés, luego vengo y me voy al Café di Roma de Los Prados y leo un libro entero rodeado de familias con niños, de gente... Es el sitio mas cómodo para mí porque estás en público y en privado. El murmullo no me molesta nada, levanto la vista cuando quiero y miro a la gente. Y después, a las nueve, bajo a Carrefour y hago la compra.

-¿Y no va al cine?

-Los domingos por la tarde. La última película que vi fue «Celda 211».

-¿Le gustó?

-Es una película terrible, pero a mí me divirtió el pensar que de toda la gente que estaba en la sala el único que había estado en la cárcel en un motín era yo.

-Alude en sus diarios a su estancia en la cárcel. ¿Cómo fue?

-Hubo un atentado terrible, el de la calle del Correo, con varias personas muertas. Yo era amigo y compañero de Magisterio de una de las personas a las que detuvieron. Al registrar su casa encontraron cartas que yo le había escrito y me detuvieron en Mieres, en la escuela en la que impartía clases. Me llevaron a Madrid, a la Dirección General de Seguridad.

-¿Ingresó en prisión?

-En Carabanchel, séptima galería. Estuve 7 u 8 días en la Dirección General de Seguridad, incomunicado, con interrogatorios. Me juzgó un tribunal militar y después pasé a un tribunal de orden público que decidió sobreseer mi caso. Estuve tres meses, salí imprevistamente en Navidad.

-¿Y el motín?

-Primero hubo un plante en el comedor, el plan era no comer nada y presentar una serie de reivindicaciones. Los funcionarios accedieron a las peticiones a condición de que nos retiráramos a las celdas. Accedimos. En el momento en que estaba todo el mundo en ellas, uno de los cabecillas gritó que venían varios funcionarios a pegarnos; entonces, empezaron todos a gritar y a dar golpes, a tirar mantas ardiendo por las ventanas y a golpear las puertas. Después de todo aquello, la gente se calmó y se oyó a uno llamar a la tranquilidad. Un grupo de funcionarios y el director de la cárcel llegaron a calmarnos, celda por celda. Cuando se acabó todo, vimos que las puertas de varias de las celdas estaban a punto de quebrar, descoyuntadas, y nos enteramos de que había entrado la Policía y estaban preparados para intervenir si los internos hubieran roto las puertas. No salimos, pero si hubiéramos salido, hubiera pasado lo mismo que en «Celda 211». Todo muy novelesco.

-Acaba de presentar su antología poética bilingüe «La mañana». Ejerza de crítico y juzgue su poesía.

-Uno no se juzga a sí mismo. Siento antipatía por muchos de mis poemas, no me gusta releerme. Para el lector, los poemas son sólo eso; para el autor, son poemas y son memoria, y hay cosas que uno no quiere recordar. El poema tiene pegote de vida, por eso me gusta más hablar y leer poemas de otros. Mis poemas son siempre demasiado conmovedores y no me gusta ser histrión de mí mismo.

-Sus diarios han cambiado. Habla poco de personas y mucho de viajes, ciudades y literatura.

-Una cosa que he aprendido es que las personas son más susceptibles cuando menos inteligentes son. Haces cualquier referencia sobre un hecho que no pretendes que sea ofensivo y se irritan, se enfadan, todo el que se indigna no vuelvo a mencionarlo más. Procuro que si me meto con alguien sea alguien que valga la pena. Generalmente, la gente que tiene talento y seguridad en sí misma acepta las críticas y no se enfada. Los mediocres procuro dejarlos fuera.

-Hace unas semanas citaba en el diario que publica en LA NUEVA ESPAÑA a Ruth Crespo, la esposa de Carlos Bousoño.

-La cité porque el artículo que publicó en su periódico sobre su relación con Bousoño era una maravilla. Y esa página no salía en internet y no me resignaba porque después la gente, cuando lo cuento, cree que me lo invento. Escaneé la página y la envío a todo el que duda de que sea verdad.

-¿Qué pasó en su relación con Bousoño?

-A Bousoño le admiré, le leía y aprendí mucho de él. Todo lo que escribió que vale la pena es hasta el año 1973 y él se casa en 1975. Después estropeó lo que había hecho, porque con cada nueva edición retocaba sus poemas y no quedaban ni modernos ni antiguos. Es un poeta de los años cuarenta y cincuenta hasta el setenta, que tiene cosas muy interesantes, luego todo lo que continuó desarrollando no vale nada. Es un caso patético de persona que tiene mala suerte, porque, a partir de los 60 años, yo creo que ya no era creativo. Su esposa tiene mucha energía, pero es muy terca y poco inteligente. Bousoño era muy simpático y querido por sus amigos, todos la detestan porque le secuestró y no le deja hablar con ellos. Y después está la historia del legado de Aleixandre, ese interés por hacer negocio cuando la casa del poeta se cae.

-Dirige desde hace 14 años la revista «Clarín». ¿Cómo sobrevive una publicación literaria en estos tiempos?

-«Clarín» es la historia de dos terquedades, la del editor propietario, que es Graciano García, y la mía, que es la de seguir contra viento y marea. Hubo varios momentos malos, pero Graciano García siempre se empeñó en mantenerla, pese a perder dinero, demostrando que su preocupación por la cultura no es pose, es real.

-¿Ser jurado del premio «Príncipe de Asturias» de las Letras le divierte?

-Al principio me fastidiaba, pero ahora me divierte porque ya he aprendido cuál es mi papel, que es como el del Partido Regionalista en el Congreso de Labordeta. El voto es libre, pero hay grupos de simpatía y de afinidad. Si veo a Anson defender a un candidato, ya sé que va a tener muchos votos, y si veo a Víctor García de la Concha defender a otro, ya sé que también. Si ellos coinciden, no tienes nada que hacer, pero si no coinciden, tú te conviertes en importante.

-En los últimos años, la literatura en español no cuenta en el premio. ¿Es justo?

-Estoy de acuerdo con que se ampliara a la literatura universal, pero lleva demasiados años sin darse uno de lengua española y da una impresión mala, de exclusión, que no es cierta. También hay que cuidar las apariencias.

-Usted suele decir que el Príncipe Felipe es el líder institucional mundial que más poetas cita en sus discursos.

-De los políticos españoles y de los que conocemos, la persona que más ha citado a poetas ha sido el Príncipe. Yo hice una antología para el 25.º aniversario de la Fundación que quedó parada, no sé por qué. Se titulaba «Poemas principales. De Fernando Pessoa a Berta Piñán». Era una antología rara, distinta y muy curiosa sobre poetas que había citado hasta entonces en la ceremonia de entrega de los galardones. Ahora quieren volver a relanzarla. Yo, maliciosamente, pensé que el problema era Cernuda, porque uno de los poemas que citó don Felipe era del «Díptico español». Y uno de los versos dice así: «Esa España obscena y deprimente / en la que regentea hoy la canalla». Alguien podía sacarlo de contexto.

-Manhattan y Venecia son dos de sus ciudades favoritas. ¿Qué le atrae de ellas?

-Hay tres ciudades que me gustan mucho y que se parecen, que son Nueva York, Venecia y Cádiz. Tienen en común muchas cosas. Lo primero, que son ciudades aisladas, tienen una muralla de agua, el símbolo de la muralla es muy importante para mí, por eso me gustan también las ciudades medievales.

-En sus textos también aparecen París, Roma, Lisboa, Nápoles.

-Siempre me han interesado las ciudades, me fascinan, detesto el campo. Y algunas han sido materia de ensoñación. Cuando era un niño, todas ellas eran escenarios de la literatura y las veía como lugares remotos y distantes, propios de aventureros. Ahora nuestro mundo se ha ampliado y con la evolución de los medios de comunicación tenemos el regalo de sitios espléndidos con los que siempre has soñado y que puedes visitar. Voy siempre a los sitios que me gustan.

-¿Por qué le gustan tanto los caserones y las mujeres misteriosas?

-Me gusta la historia; la historia y la belleza te protegen. Las ciudades son mi familia, he leído cientos de historias sobre ellas, conozco sus edificios, a los escultores, a los arquitectos, me gusta ir a sitios por los que ha pasado toda la gente que me gusta. ¿Cómo voy a estar solo en Capri cuando sé que allí estuvieron Gorki, Lenin y que Margarite Yourcenar escribió allí? Es como estar rodeado de amigos. Y siempre he tenido fascinación por las casas misteriosas. La arquitectura me gusta mucho en general, los viejos palacios con las estatuas todas corroídas, o la huella del tiempo. En cuanto a las mujeres, las figuras misteriosas, enigmáticas, suelen ser mujeres. En los poemas, en la literatura, no es lo mismo un hombre abandonado que una mujer abandonada. El primero es ridículo; ella, sin embargo, es poética, misteriosa.

«Siento antipatía por muchos de mis poemas, no me gusta releerme; para el autor el poema también es memoria»

«A Bousoño le admiré, le leía y aprendí mucho de él. Todo lo que escribió que vale la pena es hasta 1973 y él se casa en 1975»

«Hay tres ciudades que me gustan mucho y que se parecen, que son Nueva York, Venecia y Cádiz»

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