Oviedo, Pablo ÁLVAREZ
Rosa Fernández Rodríguez, ovetense y operada de un cáncer de mama el pasado mes de marzo, comenzará a recibir radioterapia mañana, lunes, a las diez y cuarto de la noche. No le ha resultado sencillo llegar hasta uno de los aceleradores del Hospital Central de Asturias. En las líneas siguientes relata, a modo de breve diario, una peripecia que ha puesto a prueba el temple y la paciencia de esta mujer de 60 años.
24 de marzo de 2009. Me operan de un cáncer de mama. La intervención sale bien, pero los médicos me prescriben quimioterapia.
27 de agosto. Ya he terminado los dos ciclos de quimio. Los médicos me indican que empezaré con la radioterapia en un plazo de seis a ocho semanas.
16 de septiembre. Me convocan en el servicio de radioterapia para colocarme los marcadores para el tratamiento.
27 de octubre. Ya han pasado las ocho semanas y no me llaman. Estoy preocupada. Llamo yo a radioterapia y me contestan que hay un problema técnico.
17 de noviembre. Llamo de nuevo. Me dicen que la máquina está estropeada y que tardarán en llamarme por lo menos un mes, lo que convertiría las 8 semanas en 16. Acudo en persona. Veo que a otros enfermos les entregan un papel firmado por el jefe del servicio de oncología radioterápica en el que dice que «el número de pacientes que se deben tratar supera las posibilidades de las dotaciones actuales» y añade que a quien no esté dispuesto a asumir esta situación «le rogamos encarecidamente que se dirija al Servicio de Atención al Usuario de este Hospital». Dicho y hecho. Voy y planteo una queja.
24 de noviembre. Leo en LA NUEVA ESPAÑA que, a causa del aumento de la lista de espera, empezarán a funcionar por las tardes los aceleradores del Hospital de Jove. Ya era hora de que alguien hiciera algo.
25 de noviembre. Sobre las once de la mañana, recibo una llamada del servicio de radioterapia del Central y me dicen que empiezo el tratamiento mañana, a las diez y cuarto de la noche.
26 de noviembre. Me llaman del mismo servicio a las tres menos cuarto de la tarde para decirme que se suspende el tratamiento hasta nuevo aviso. No entiendo nada. Me explican que son órdenes de dirección y que están a la espera de la autorización del Sespa. El trato médico y sanitario siempre ha sido bueno, pero estoy indignada y angustiada por esta burocracia incomprensible. Me dicen que vaya a Atención al Usuario y yo replico que aún no me han respondido a la primera reclamación.
27 de noviembre. Presento la segunda reclamación. Ya llevo cinco semanas de retraso sobre las ocho previstas. Un rato después, a eso de la una del mediodía, me llaman de radioterapia y me dicen que empiezo el tratamiento el lunes 30, a las diez y cuarto de la noche. Hasta que no lo vea...».
(Fuentes del Hospital Central de Asturias explicaron ayer a este periódico que «ha habido un error de citación en dos o tres pacientes» y anunciaron que los aceleradores del centro sanitario comenzarán mañana, lunes, un turno de noche en las próximas seis semanas para los enfermos cuyo tratamiento ya estaba planificado y que, por consiguiente, no deben ser enviados a otro hospital).