JAVIER MORÁN
El nombramiento del obispo Munilla para San Sebastián, coincidente en fecha con el de Sanz Montes para Oviedo, ha absorbido todas las turbulencias que suele crear la designación de un nuevo mitrado. La «operación Munilla» tiene su recorrido. Consagrado obispo en 2006, era elevado al episcopado un euskaldún de cepa incuestionable, aunque muy distanciado de los planteamientos nacionalcatólicos propios del País Vasco. Dicho en plata, Munilla era un resistente: alguien que había permanecido en su tierra aun cuando podía haber formado parte del clero vasco exiliado en huida del nacionalismo (similar a la de Munilla es la «operación Iceta», también euskaldún, pero formado y trabajado fuera del País Vasco hasta su nombramiento como obispo auxiliar de Bilbao en 2008).
En suma, Munilla era el hombre preparado por Roma para entrar algún día en una diócesis vasca, y lo hará en la más difícil, San Sebastián, cuya resistencia a recibirlo queda patente en el hecho -menor, pero significativo- de que la página web diocesana difirió varios días la publicación de la carta de saludo de Munilla a su nueva grey.
Pero así como hubo similares o mayores resistencias en Bilbao, cuando en 1995 recibían a un Ricardo Blázquez ayuno de euskera, aquel obispo abulense venía precedido de la discreción que siempre le ha caracterizado, mientras que Munilla llega ahora al País Vasco con halo de obispo ejecutivo dispuesto a actuar de alguna forma en el espacio más secularizado de España, junto con Cataluña. Resulta curioso observar que aquellas regiones españolas donde han prendido partidos democristianos son precisamente las más secularizadas.
Total, que la reacción al nombramiento del nuevo arzobispo de Oviedo, esperada en el resto de España, se ha visto eclipsada por lo que acaece en San Sebastián. Por ello en los últimos días amigos de otras latitudes no paran de preguntar por cómo será recibido Sanz Montes en Asturias.
La vieja cuestión de si el nuevo mitrado acabará o no con el todavía vivo taranconismo asturiano es la duda de quienes preguntan desde fuera. Un taranconismo que, pese a todo lo que ha sido cuestionado después, no ha logrado cotas de secularización tan altas como las alcanzadas por cierto catolicismo político. Dicho sea de paso.