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Muere a los 91 años J. D. Salinger, autor de «El guardián entre el centeno»

El escritor norteamericano, también conocido por la obsesiva defensa de su intimidad, vendió 35 millones de ejemplares de la novela

 
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J. D. Salinger.
J. D. Salinger. 

Nueva York
El escritor estadounidense J. D. Salinger, autor de la famosa novela «El guardián entre el centeno», que marcó a miles de jóvenes en todo el mundo, falleció ayer en New Hampshire (noreste de Estados Unidos), a los 91 años de edad. Según un comunicado emitido por su familia y hecho público por su agente literario, Phyllis Westberg, Salinger falleció por causas naturales en su domicilio. «A pesar de haberse roto la cadera en mayo, su salud había sido excelente hasta un repentino deterioro después de Año Nuevo», se lee en el comunicado, en el que se precisa que el popular escritor no sufrió ningún dolor antes ni durante su muerte.

Salinger era casi tan conocido por su novela como por su actitud inflexible de «proteger y defender su privacidad», recordó su familia, la cual pidió además respeto para el fallecido y su obra.

Aunque escribió otras novelas y relatos, «El guardián entre el centeno» es, con diferencia, la obra más popular de Salinger. De hecho, está considerada como una de las grandes novelas norteamericanas del siglo XX. La historia, escrita en 1951, se centra en el adolescente Holden Caulfield, quien en primera persona narra los días sucesivos a su expulsión del colegio. «Salinger había comentado que estaba en este mundo pero que no era de él. Su cuerpo se va, pero la familia desea que él continúe con aquellos a los que ama, independientemente de si son figuras religiosas o históricas, amigos personales o personajes ficticios», señalaron sus allegados en el comunicado.

El explícito paso de la infancia a la vida adulta, la pérdida de la inocencia por parte de Holden Caulfield, protagonista de «El guardián entre el centeno», ha cautivado a generaciones de lectores identificados con el personaje. Todavía es una novela con un excelente tirón comercial. Se calcula que de «El guardián entre el centeno» se han vendido 35 millones de ejemplares.

Quizá parte de la fascinación sobre esta obra se deba también al halo de misterio que ha rodeado a su autor. Una de las pocas imágenes que se conservan de él lo muestran en actitud amenazante contra el fotógrafo. Huyó de los focos y del ruido mediático. Sólo concedió una entrevista, en 1974, a «The New York Times» y por vía telefónica, para defender su vida privada.

«Hay una paz maravillosa en no publicar. Es pacífico. Tranquilo. Publicar es una terrible invasión de mi vida privada. Me gusta escribir. Amo escribir. Pero escribo sólo para mí mismo y para mi propio placer», dijo Salinger en aquella única entrevista.

Vivió su infancia en Park Avenue (una zona bien de Nueva York) junto a su hermana, Doris. Su padre, empresario de alimentación, era judío; su madre, de origen irlandés. Tras recibir formación militar en una academia de Pensilvania, y sin sobresalir en los estudios, viajó a Europa: París, Londres, Varsovia... Comenzó a hacer sus pinitos en la literatura, pero sus cuentos no encontraban quien los publicara.

Luchó como voluntario en la Segunda Guerra Mundial. Desembarcó en Normandía. Antes de partir al frente dejó un relato a «The New Yorker», su revista de referencia, que ayer publicaba en versión digital todas sus colaboraciones. Sus cuentos alcanzaron gran fama, al punto de que menudearon las ediciones ilegales.

«The New York Times» recordaba ayer que en 1960, en la cima de su fama, Salinger decidió apartarse del mundo. Se mudó a Cornish (New Hampshire) e hizo de su casa una suerte de fortaleza inexpugnable. Todavía tres obras suyas verían la luz: «Franny and Zooey», en 1961; «Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción», de 1963, y, su última pieza publicada, «Hapworth 16, 1924», un cuento corto que llenó las páginas de «The New Yorker», en junio de 1965. Contra las ediciones ilegales y contra lo que él consideraba invasiones a su intimidad, Salinger y sus abogados pusieron numerosas querellas. La última, en 2009, prohíbe la publicación del libro de un autor sueco cuyo protagonista es un Holden Caulfield septuagenario.

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