MARÍA JOSÉ RAMOS
CONSEJERA DE PRESIDENCIA, JUSTICIA E IGUALDAD DEL PRINCIPADO
Celebramos un año más el Día Internacional de las Mujeres, un 8 de marzo que coincide en esta ocasión con tres acontecimientos que, a diferente escala, tienen un componente histórico. Me refiero, comenzando por lo más reciente, para alejarnos en el tiempo, a la aprobación de la ley sobre Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo, el décimo aniversario de la creación del Instituto Asturiano de la Mujer y el centenario del libre acceso de las mujeres a la Universidad.
Con la aprobación el pasado 24 de febrero de la ley sobre Salud Sexual, la interrupción voluntaria del embarazo se convierte en un derecho que hará posible el respeto a una decisión libre, íntima y personal de las mujeres, un derecho que, a partir de ahora, va a poder ser ejercido del modo menos doloso para las mujeres y garantizará la equidad social y territorial en el acceso a la prestación.
El Instituto Asturiano de la Mujer se creó porque, desde 1999, el Gobierno del Principado de Asturias tenía claro que el trabajo por la igualdad entre hombres y mujeres iba a ser un asunto prioritario en nuestra agenda. Y los distintos proyectos, actividades e iniciativas puestos en marcha en estos diez años creo que así lo demuestran.
Pero ninguno de estos dos acontecimientos hubiera sido posible sin la existencia de mujeres pioneras, con empuje, que lograron hace ahora un siglo que un derecho hasta entonces exclusivamente masculino se acabara convirtiendo en universal.
Escudriñando la historia encontramos en 1872 a María Elena Maseras y, en 1874, a Dolores Aleu, transgresoras para la cultura imperante en la época, que deciden matricularse en la Universidad de Barcelona para estudiar Medicina. Fueron admitidas porque no había ninguna ley que lo prohibiera y se convirtieron en una excepción que tardó en convertirse en generalidad porque, en octubre de 1882, se prohibió el acceso de las mujeres a la enseñanza superior.
En ese mismo siglo Concepción Arenal, esa gran intelectual que debía disfrazarse de hombre para poder tomar clases de Derecho en la Universidad Complutense, clamaba contra viento y marea que «la sociedad no puede en justicia prohibir el ejercicio honrado de sus facultades a la mitad del género humano». Sus expectativas se cumplieron el 8 de marzo de 1910, con la promulgación de la real orden de Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones, que eliminaba definitivamente las barreras administrativas que impedían a las mujeres acceder a la Universidad en igualdad de condiciones que los hombres y sin ningún tipo de restricción.
A mujeres como Emilia Pardo Bazán, Rosario Acuña, Rosalía de Castro. A todas aquellas primeras universitarias libres, María de Maeztu, Clara Campoamor o Victoria Kent y a otras muchas más debemos la puesta en marcha de un proceso imparable que ha contribuido a transformar profundamente la sociedad.
En 1910 sólo estudiaban en la Universidad española 21 mujeres entre 15.000 hombres, es decir, el 0,1%. Hoy los datos son muy diferentes. En Asturias, en el curso 2008/9, de las 26.330 personas matriculadas en la Universidad, el 55% eran mujeres y su presencia en carreras técnicas, hasta hace poco prácticamente masculinizadas, empieza a alcanzar un porcentaje respetable, el 28%.
En el conjunto de Europa, las mujeres representan cerca del 60% de todas las licenciaturas universitarias, aunque su proporción en los sectores científico y tecnológico continúa siendo baja. Igual que persisten las diferencias de retribución entre sexos, con una media para el conjunto de la UE del 17,4%, media que en España y en Asturias se eleva por encima del 25%.
Alcanzada la igualdad en formación, nos queda por conquistar la igualdad en el empleo, un reto que, en el actual contexto de crisis, debe pasar de ser una reivindicación justa a convertirse en un factor clave para superar la situación, en un acto responsable para no desaprovechar activos que son de vital importancia para el saneamiento de las distintas economías de los países.
La campaña institucional del Día Internacional de las Mujeres toma este año como referencia un artículo de la Carta Europea para la Igualdad entre Mujeres y Hombres que señala literalmente que «la sociedad democrática no se puede permitir ignorar la capacidad, los conocimientos, la experiencia y la creatividad de las mujeres». El mensaje de la campaña se combina con la imagen gráfica del botón «play», es decir, una invitación simbólica para que la sociedad actúe en la lucha por la igualdad entre mujeres y hombres.
Porque desde el Gobierno del Principado estamos convencidos de que la incorporación de la mujer al mercado laboral, en igualdad de condiciones al hombre, no sólo es justa, sino necesaria e imprescindible para el interés general, para conseguir que las sociedades desarrolladas y democráticas superen con éxito la actual situación.
Feliz 8 de marzo a todas y todos.