Oviedo, J. L. A.
El escritor y traductor gijonés Mariano Antolín Rato (1943), autor de una de las obras novelísticas más personales de la última literatura española, recibió ayer el galardón de «Asturiano del mes» de LA NUEVA ESPAÑA, correspondiente al pasado mes de agosto, y en reconocimiento a la originalidad de una escritura que traduce una visión del mundo en la que se aúnan vanguardia y tradición. «Para mí, es como un regalo de los Reyes Magos», aseguró al recibir el premio.
El novelista, que acudió a la entrega del galardón acompañado por su hermano Juan de la Cruz Antolín Rato, alcalde de Vegadeo, y por el también escritor y colaborador de este diario José Ignacio Gracia Noriega, agradeció la distinción y se mostró «encantado de que me hagan tanto caso». «En realidad siempre he procurado pasarlo bien con todo lo que hago, y también con mis novelas».
La directora de LA NUEVA ESPAÑA, Ángeles Rivero, entregó a Mariano Antolín Rato una primera página del periódico confeccionada para la ocasión, en la que se glosa la aportación intelectual del escritor, así como una caricatura de éste dibujada por Pablo García y una estela conmemorativa, obra de José María Legazpi. Ángeles Rivero explicó los criterios que se siguen para conceder el «Asturiano del mes» e indicó que el autor gijonés, último premio «Juan March Cencillo» de novela breve por «El picudo rojo», acredita una consistente obra literaria a la que une, además, una gran labor como traductor: «Estamos ante un escritor con una espléndida madurez literaria». En la entrega del galardón también estuvo presente Javier Cuervo, redactor jefe de este diario.
«Siempre me habéis tratado muy bien», respondió Mariano Antolín Rato. Éste rememoró su relación con LA NUEVA ESPAÑA desde que era alumno de Filosofía y Letras de la Universidad de Oviedo y pertenecía al TEU, grupo de teatro universitario en el que hacían sus primeros papeles el mierense Pedro Civera y el langreano Carlos Álvarez Novoa, dos de los actores de mayor recorrido de la escena española. «Entonces me llamó Juan Ramón Pérez Las Clotas para mi primera entrevista», explicó, en referencia al veterano maestro de periodistas y ex director de este diario.
Mariano Antolín Rato, que ha sido el «más moderno» de su generación, según retrato de Juan Cueto, recordó su juventud asturiana y adelantó que está en pleno proceso de escritura de una nueva novela, que lleva el título provisional «Antes que Dios fuera Dios», el arranque del conocido lema nobiliario de los Quirós y los Velasco. Gracia Noriega subrayó que el escritor gijonés, autor por ejemplo de una biografía de Bob Dylan y de un libro sobre zen, fue, en los años sesenta, un caso de intelectual singular: «Los demás eran afrancesados, mientras que él ya miraba para Estados Unidos». Siempre inquieto, incluso se puso a aprender japonés para traducir al castellano algunos haikus. El escritor relató algunas anécdotas de su formación intelectual y vital: las clases del filósofo Gustavo Bueno o la amistad con personas de la cultura asturiana, desde el también novelista José Avello al editor Silverio Cañada o el decorador Chus Quirós, estos dos últimos ya fallecidos.
Mariano Antolín Rato, considerado por estudiosos y críticos como una de las voces más personales e innovadoras de la llamada «Generación del 68», es novelista de variados registros que apuntan siempre hacia el objetivo de una prosa poco acomodada a lo que en España suele tomarse por canónico.
Licenciado en Filosofía y Letras, quiso ser periodista y publicó su primera novela en 1973, «Cuando 900 mil Mach aprox», con la que obtuvo el Premio de la Nueva Crítica. Incluido en lo que se llamó «realismo psiquedélico», las costuras de sus primeras obras son vanguardistas. Ha publicado un total de trece novelas (la más reciente, la premiada «El picudo rojo»), una suma que muestra una evolución hacia ficciones de estilo más realista y de gran calado existencial. Un ejemplo es «Lobo viejo», donde construye una desolada metáfora sobre la huida y la literatura, el amor y el fracaso.
Pero la biografía intelectual de Mariano Antolín Rato no se entendería sin su constante y deslumbrante labor como traductor. Sus versiones de la gran prosa norteamericana, de Faulkner a Carver, pasando por textos fundamentales de la «Beat Generation», han sido alimento literario de primera necesidad para muchos lectores ayunos de otro idioma que el castellano. Es traductor de inglés, francés e italiano. Ayer aún recordaba sus inicios como traductor (y casi único lector) de «Ser norteamericanos», de Gertrude Stein. Y al recibir el galardón «Asturiano del mes», también la cordial relación con su tierra.