Gijón, J. C. GEA
Frente a un arte cuya meta es construir objetos en pos de alguna forma de perfección, un arte que pone en marcha procesos de creatividad abiertos, inciertos y, a menudo, compartidos; un arte cuyos objetivos y métodos trasladan a la creación estética la complejidad, la interrelación global y el cambio permanente que definen el nuevo y vaporoso patrón de este tiempo desde la pantalla del PC doméstico hasta las crisis económicas mundiales. El tonteo en una red social de internet o los efectos de una erupción volcánica en Islandia. Tal es el «clima de época» que atraviesa los veinticinco proyectos que desde ayer y bajo el título de «El proceso como paradigma» se exponen -o más exactamente, se pusieron en marcha- en la Laboral, en una de las apuestas fuertes del Centro de Arte y Creación Industrial para este curso expositivo.
Producida en colaboración con la Fundación Telefónica y comisariada por Susanne Jachko y Lucas Evers, la muestra aspira a plasmar mediante un arte basado en los nuevos medios de creación, afines a las herramientas y a los métodos tecnológicos y científicos, el modo en que, según Jachko, «la falta de certeza se ha convertido en la nueva regla de juego». La comisaria aludió a los procesos económicos o medioambientales como ejemplo de lo que describió como «un momento histórico de estados fallidos» que nos inducen, en cualquier terreno privado o público, a «un conflicto entre lo predecible y lo inestable».
Pero hay una cosa que los artistas actuales tienen en común con los genuinos creadores de cualquier época: les gusta el conflicto. Sacar partido a lo inestable, a lo que desasosiega o se resiste a ser atrapado por cualquier vía de percepción o conocimiento. En esa zona de turbulencias se instalan y cargan su energía los 25 proyectos de la muestra, repartidos en cuatro áreas que a menudo se interpenetran, pero que en todos los casos invitan, según Susanne Jachko, a «rechazar los hábitos usuales de percepción del arte» y a acercarse «con mirada duradera» a piezas que han de ser percibidas como cortes, estados de un proceso. Coherente con ese planteamiento, mientras dure la exposición el visitante podrá asistir tres veces a la Laboral con una sola entrada para comprobar de qué manera se desarrollan los cambios.
Los procesos biológicos y orgánicos están en la base de un primer grupo de proyectos, en el que se incluyen obras como «Decon», de Marta de Menezes, en el que la acción de una bacteria degrada los colores de una reproducción de un cuadro de Mondrian, en el que los campos de color son en realidad cultivos bacterianos. Otro bloque de proyectos trabaja el llamado «arte generativo».