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La España apasionada de Manuel Fernández

- El último libro del gran historiador ovetense repasa de urgencia la biografía de la nación
- Asturias, con Santa Eulalia, Covadonga, los ilustrados y el 34, destaca en el amplio estudio

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El catedrático ovetense Manuel Fernández Álvarez
El catedrático ovetense Manuel Fernández Álvarez 
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Oviedo, J. N.

La historia de España en 562 páginas. Así se despidió de la ciencia y de la vida el ovetense Manuel Fernández Álvarez, gran historiador, catedrático en Salamanca, fallecido hace dos semanas. El libro, casi póstumo, se titula «España. Biografía de una nación». Con gran viveza y a uña de caballo porque España daría para muchísimos volúmenes, don Manuel repasa los hitos de un país que aquí se recogen como resumen del resumen.

- La España unitaria, señala Fernández Álvarez, corre paralela a la España cristiana; de ahí que «a principios del siglo IV la importancia de los núcleos cristianos en la España romana fue sin duda grande, como lo prueban los numerosos mártires de que tenemos noticia, a causa de la persecución ordenada por Diocleciano en los años 303 y 304; entre esos mártires estaría, precisamente, la gran figura de esa primera época de la Iglesia española que fue santa Eulalia de Mérida» tan vinculada a Oviedo.

- Con Leovigildo «estamos ante el verdadero comienzo de la Monarquía visigoda hispana. En primer lugar Leovigildo pone su capital en Toledo. Además, logra dominar por la fuerza de las armas, en Galicia, al reino suevo, que convierte en una provincia más de su monarquía. También arrebata a los bizantinos aquellas fuertes plazas que tenían en el sur de España: Córdoba y Málaga. Es más, enfrentándose con los belicosos y siempre irreductibles vascones, funda nada menos que la ciudad de Vitoria, sobre fortísima colina de Gasteiz».

- «Cuando el ejército visigodo, mandado por Rodrigo, fue destruido en tan sólo una batalla, la de Guadalete, Tariq y sus hombres no encontrarán resistencia alguna para cabalgar victoriosos por la España meridional. Fue la ruina de España. Ése sería el recuerdo que quedaría para generaciones posteriores; un recuerdo que a su vez nos viene a indicar que a la Monarquía visigoda se la asimilaba con el concepto de España».

- Covadonga salva España. En efecto «aquella lucha entre cristianos y musulmanes acabó inclinándose a favor de Pelayo y sus seguidores. Fue la victoria de Covadonga, después mitificada como el punto de partida de la Reconquista, el comienzo de la salus Hispaniae. Y los vencidos musulmanes hubieron de retirarse por los fragosos pasos montañosos de ese macizo de los Picos de Europa para escapar, a duras penas, de las manos de Pelayo y sus seguidores; un itinerario verdaderamente abrupto que el gran historiador Sánchez Albornoz repetirá mil trescientos años después, con sus alumnos, en el verano de 1922».

- «Dos hechos marcarían el reinado de Alfonso II el Casto, dándole particular importancia. Por una parte, la noticia de que habían aparecido en un lugar de Galicia, el Campo de las Estrellas, los restos del apóstol Santiago». Así, «al tomar cuerpo aquel hallazgo y tenerlo por cierto, daría a la nueva monarquía asturiana una preeminencia de notoria importancia en toda Europa; puesto que, salvo el caso de Roma, era la única tierra de la cristiandad que podía vincularse así, de forma directa, con la época de los apóstoles. El otro hecho que distinguiría a la Monarquía asturiana o, mejor, al reinado de Alfonso II el Casto sería el de sus relaciones con Carlomagno».

- Fernández Álvarez pinta con calor la gran aventura americana. «Los españoles se desparraman, con un ímpetu increíble, por las dos Américas: recorren distancias inmensas, cruzan ríos que están entre los más caudalosos del mundo, franquean montañas que parecen inaccesibles, se adentran en selvas tropicales o cruzan desiertos inhóspitos. Y no sólo se las ven con indígenas que parecen salidos de la Prehistoria sino también con formidables imperios. Y lo conquistan todo, a veces tan sólo con un puñado de hombres contra miles y miles de adversarios. Y construyen calzadas, como había hecho en Europa el antiguo Imperio romano. Y alzan ciudades, alejadas entre sí miles y miles de kilómetros: Guadalajara, en México; Lima, en Perú; Santa Fe de Bogotá, en Colombia; Buenos Aires en las bocas del Río de la Plata... y por todas partes llevan su lengua, su religión, sus costumbres».

- «La ejecución de miles y miles de súbditos de los Países Bajos y entre ellos, como más destacados, dos de los nobles flamencos de más alta categoría: los condes de Egmont y de Horn, con el agravante de que, siendo como eran popularísimos y queridísimos en aquellas tierras de Flandes su muerte a manos del verdugo y por orden de Felipe II, mediando además la acción punitiva de aquel terrible duque de Alba, el Duque de Hierro, que tanto pavor iba a infundir en aquellos dominios norteños del Rey Prudente traería consigo también la agudización de la leyenda negra contra Felipe II y, por extensión, contra la misma España».

- La recuperación económica «es un proceso que se mantiene a lo largo del siglo XVIII y que tiene su culminación bajo Carlos III, no tanto por la obra personal de aquel monarca comoo por el hecho decisivo de que da su confianza y todo su apoyo a los ilustrados como Aranda, Campomanes, Floridablanca y Jovellanos».

- «Heroicidad en el más alto grado, pues cuando Europa entera se encogía ante la espada de Napoleón y los ejércitos de sus reyes, de Austria, de Prusia o de la misma Rusia, eran fulminados y vencidos por aquel gran rayo de la guerra que se llamaba Napoleón, de pronto España, la España popular, sin pensárselo dos veces, salta al combate y se enfrenta con las curtidas, veteranas y bien armadas tropas de Napoleón».

- «La Constitución de 1812 seguirá los pasos de las dos grandes revoluciones del siglo XVIII, la de Norteamérica y la de Francia. De ahí que inmediatamente proclame que la soberanía reside en la nación como se proclaman también al punto los sagrados derechos de la libertad del ciudadano».

- Asesinan a Cánovas, artífice de la Restauración y, «privada de su gran hombre de Estado, España se vio pronto enzarzada en la guerra con Estados Unidos» y la consiguiente derrota en el 98. La demagogia de la prensa y la ineficacia de los políticos causaron el Desastre y una enorme decepción.

- «El 14 de abril se proclamaba la República y al mes siguiente empezaban ya los incendios de iglesias y conventos sin que el nuevo Gobierno fuera capaz de controlar el orden».

- Tras los primeros días de la revolución del 34 «los mineros no abandonaron fácilmente la capital del Principado; antes de salir de la ciudad cometieron verdaderas barbaridades: volaron la Cámara Santa» y también «hicieron explotar el polvorín que habían acumulado en la Universidad, con lo cual no sólo destruyeron aquel venerable edificio sino que hicieron que su notable biblioteca fuese pasto de las llamas».

- El alzamiento militar de julio de 1936 lo apoya «la España tradicional, que se rebelaba contra la República gobernada por el Frente Popular cuyas pretensiones de hacer triunfar en España una plena revolución social se sospechaban y se temían. De ahí también la bendición de la Iglesia, en su inmensa mayoría, al alzamiento militar; una Iglesia que se había visto tan combatida por la República desde el Bienio Progresista». No fue sólo «un alzamiento militar sin más, sino que pronto puso en marcha y en pie de guerra a buena parte de la población. Y eso se explica por el estado permanente de desorden en que había caído todo el país».

- Fernández Álvarez cuenta que oyó gritar «¡Viva Rusia!» el 1 de mayo de 1936 a las juventudes socialistas uniformadas, por las calles de Oviedo. Eso explicaría, añade, que republicanos como Aranda se sumasen a la sublevación.

- Durante el franquismo «fue robusteciéndose también una clase media española que antes era tan frágil; una clase media cada vez más numerosa y más pujante. Era la España del Seat 600, ansiosa ya de disfrutar en paz de la vida. Sería un movimiento imparable que pronto se notaría en un cambio sorprendente de las costumbres. Entraba aquí un nuevo protagonista: la mujer. El cambio fue radical».

- Muere Franco y nace «una España que por primera vez parecía que iba a poder vivir en democracia, en libertad y en paz».

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