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Festival de de Cine de Cannes

Manoel de Oliveira lleva a Cannes ´El extraño caso de Angélica´

El director, de 101 años, presenta su último filme, interpretado, entre otros, por Pilar López de Ayala

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De izquierda a derecha los actores Ricardo Trepa, Ana María Magalhaes, Pilar López de Ayala, el director Manoel de Oliveira y su esposa, Isabel./
De izquierda a derecha los actores Ricardo Trepa, Ana María Magalhaes, Pilar López de Ayala, el director Manoel de Oliveira y su esposa, Isabel./ EFE

EFE Tiene 101 años y es el decano del cine mundial. Con esa edad, Manoel de Oliveira tiene fuerzas de hacer una película al año y la de 2010 la presenta nada menos que en Cannes con el añadido de que es un retrato irónico de la muerte, la "única certeza que existe".

Un Oliveira jovial en sus palabras y en su cine abrió hoy en Cannes "Un certain regard", una sección habitualmente dedicada a descubrir nuevos talentos cinematográficos pero que en esta edición ha vuelto la mirada hacia talentos clásicos.

El portugués es uno de ellos. Y con "El extraño caso de Angélica" demuestra que le queda cine para rato, al menos mientras le duren las fuerzas y los actores sigan venerándole como hizo hoy el elenco de esta cinta durante su presentación a la prensa.

"Los actores son la parte fundamental del cine", afirmó Oliveira, sin dejar meter baza a los protagonistas de "El extraño caso de Angélica".

Aunque todos ellos se lo tomaron bien y coincidieron en señalar que lo vale es la opinión del "maestro".

El portugués Ricardo Trêpa, la española Pilar López de Ayala y la brasileña Ana Maria Magalhâes rodeaban con veneración a Oliveira, que se hizo el amo de la sala de prensa, más vacía sin embargo que la abarrotada sala de proyecciones donde se exhibió hoy su filme y en la que había más de un periodista sentado en el suelo.

No es un filme redondo el que ha traído a Cannes pero tiene destellos de genialidad, planos poéticos y un tema que denota el sentido del humor y de la realidad del cineasta portugués.

"El extraño caso de Angélica", a ratos cómico y a ratos dramático, cuenta cómo afecta la súbita muerte de Angélica (López de Ayala) a un fotógrafo, Isaac (Trêpa), que no la conocía de nada.

Pocos escenarios, cámara fija y narración lineal interrumpida por escenas oníricas, el resultado es una película curiosa a la que le falta fuerza y un protagonista más convincente, porque Trêpa se queda muy lejos de las intenciones del realizador.

Claro que teniendo en cuenta sus momentos brillantes y que detrás de la cámara hay un maestro de 101 años, poco más se puede pedir.

Sin olvidar la cruda y realista temática: la muerte.

Un hecho al que Oliveira no tiene ningún miedo porque es "una condición absoluta".

"Todos sabemos que vamos a morir. Es la única certeza que tenemos. No tengo miedo de la muerte, tengo miedo del sufrimiento y, afortunadamente hasta ahora no me ha tocado ese momento verdaderamente terrible", explicó un pausado Oliveira.

Una experiencia con la muerte que López de Ayala ha vivido de forma diferente durante el rodaje.

La actriz, que tiene apenas un puñado de apariciones sin palabras en el filme, aunque la historia gire en torno a ella, explicó que se trataba de una metáfora.

"Había que entenderlo desde otro lugar que no era la cabeza y actuarlo del mismo modo", explicó la actriz madrileña, tímida ante la prensa y sentada junto a un director para el que sólo tuvo elogios.

"Es educado, respetuoso, lleno de sonrisas. Ha sido muy fácil y una experiencias muy muy hermosa. Es difícil de explicar", señaló López de Ayala, con vestido corto azul verdoso y el mismo tono rubio de cabello que luce en el filme.

Igualmente Ana Maria Magalhâes mostró su felicidad por haber trabajado con un director de la talla de Oliveira.

"Es un realizador que me ha propuesto desafíos técnicos. Por eso me gusta trabajar con los grandes", explicó esta actriz que en los últimos años se ha dedicado a trabajar como realizadora.

Y ello a pesar de que su papel es meramente episódico.

Algo que demuestra la pasión contagiosa de Oliveira por hacer películas, a pesar de que el realizador reconoce que el cine es "menos honesto" que el teatro.

"Como dice el director mexicano (Arturo) Ripstein, el cine es el retrato de la vida. Y también decía que el Gobierno debe ayudar a los realizadores, no como un favor, sino como una obligación. Debería ser complementario de la educación", afirmó.

Una pasión por el cine que le lleva a seguir trabajando y buscando ideas, que no le faltan.

La persecución de los judíos, la pérdida de valores que se vive actualmente o la crisis económica -"es muy importante, especialmente en Grecia, España y Portugal. Una cosa terrible", afirmó- son sólo algunos de los temas que le interesan.

Y que le gustaría reflejar en filmes que lleguen a todo el mundo. Para ello son fundamentales citas como las de Cannes o Venecia, resaltó Oliveira, que a sus años sigue con la misma ilusión y con ganas de "estar en todos los festivales". observar en cambio el estado del universo de un pasado remoto de millones de años atrás, o que el siglo XIX sea un perfecto desconocido.

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