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Fracaso escolar

Papá y mamá ayudan a mejorar las notas

Un estudio demuestra el mayor riesgo de fracaso escolar de niños en familia monoparental

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Oviedo, Eduardo GARCÍA

Los hijos que viven en familias monoparentales tienen un seis por ciento más de probabilidades de abandonar sus estudios en el primer ciclo de la ESO, y un nueve por ciento más en el segundo ciclo de esta etapa de la secundaria obligatoria. Del total de abandonos en ese tramo crucial en la educación, desde los 12 a los 16 años, casi un 20% convive con un solo progenitor. Los hijos de familias monoparentales tienden a abandonar antes «y los resultados tienden a empeorar cuando el responsable exclusivo de la familia es un varón», según se desprende del estudio sobre «Fracaso y abandono escolar en España», editado por la fundación La Caixa y dirigido por tres expertos de renombre nacional, el catedrático de Sociología, Mariano Fernández Enguita; y los profesores de Sociología y Comunicación, Luis Mena Jaime Riviere.

El riesgo de fracasar en los estudios también se dispara cuando el niño vive en casa con uno de sus padres y otra persona que no sea un familiar consanguíneo, en la mayoría de los casos la segunda pareja del progenitor/a. Los autores del informe advierten sin embargo que «estos resultados no implican una relación causal directa entre el divorcio y el fracaso escolar».

El informe se centra en los «riesgos del riesgo» al fracaso, las circunstancias que rodean al alumno y que de alguna forma definen su destino académico. Unas circunstancias que «nacen» con el niño y «van» a la escuela con él. Ahí empieza todo porque las estadísticas demuestran que «un alumno que lleva retraso en Primaria difícilmente lo va a recuperar en Secundaria, aunque no sea algo imposible. Al contrario, tiene más posibilidades de acumular nuevos retrasos en esta etapa», dice el informe.

Pero repetir curso no es una tragedia, incluso puede ser beneficioso para el alumno. En España repetir tiene mala prensa, y centros y padres se resisten. Sólo un 6% de los escolares españoles del 6º de Primaria repiten (el 4,5 en cuarto curso y el 4,3 en segundo curso). Un 14% de los escolares asturianos de Primaria llevan retraso acumulado, la séptima comunidad con porcentajes más bajos.

Cuando se analiza la relación entre el fracaso escolar y la inmigración los resultados son significativos. El alumno inmigrante repite 7 puntos más que el nativo, aunque las diferencias porcentuales tienen a igualarse (apenas tres puntos) cuando hablamos de alumnos ya nacidos en España, aunque de padres inmigrantes. Los autores del informe apuntan tres causas: «La reubicación cultural y consiguiente desorientación pasa factura especialmente elevada a los alumnos adolescentes, hay también un extrañamiento cultural producido por la lengua, aunque éste no es un efecto duradero porque el proceso de aprendizaje de la lengua en la que se escolariza a un alumno es sorprendente por su rapidez. Y en tercer lugar, que cada alumno extranjero trae consigo procesos educativos de su país de origen». Una forma concreta de enseñar y ser enseñado.

Los escolares españoles no lo ven claro más allá de la enseñanza obligatoria, es decir, del 4º de la ESO. Los que aprueban, porque en su mayoría (8 de cada 10 alumnos de 15 y 16 años) no sabe qué van a estudiar en el futuro inmediato; y los que suspenden, porque el sistema educativo español tiene escasa capacidad para motivarlos y muchos quedan en el camino. Asturias tiene la tasa más alta de población escolar que termina ESO, un 83 por ciento, casi 14 puntos más que la media nacional, y mantiene ese mismo porcentaje desde hace una década. El horror estadístico llega de la mano de comunidades como Andalucía, Madrid, Aragón, Baleares, Canarias o Cataluña, donde los porcentajes de titulación en la secundaria son menores que en el curso 1999-00. Lo de la Comunidad Valenciana es catastrófico: 14 puntos menos.

¿Hay vida escolar después de la ESO? «No para muchos», aseguran los autores del informe. Asturias tiene muchas peculiaridades, entre ellas unas tasas de escolaridad a los 17 y 18 años en la ESO sensiblemente mayores que el resto del país. Es decir, los escolares asturianos aguantan más en el sistema educativo, aunque muchos lo hagan a trancas y barrancas.

Con 15 años, sólo el 62 por ciento de los escolares asturianos entran dentro de las llamadas tablas de idoneidad, o sea, no han tenido parones académicos. Es una cifra para reflexionar, pero lo cierto es que Asturias no tiene nada que ver con comunidades como Canarias, donde menos de la mitad de los escolares de esta edad cumplen con su calendario curricular, y como Andalucía, Castilla La Mancha o Extremadura, donde se supera por muy poco el 50%. Y todo eso teniendo en cuenta que a partir del tercer curso de la ESO el alumno puede ser asignado a programas de diversificación «el último recurso antes de separar al alumno del trayecto ordinario», dicen los autores del estudio. Un 8% de todos los alumnos de la ESO españoles cursan estos programas de diversificación.

Las cifras asturianas son positivas en cualquiera de los parámetros en comparación con la media nacional. Por ejemplo, un 83% de los alumnos que llegan al Bachillerato promocionan al segundo curso, siete puntos más que en España. Se entiende que los alumnos asturianos salen de la secundaria obligatoria mejor preparados que los de muchas otras comunidades (que se apunten el tanto los chicos, pero sobre todo los profesores). El desastre nacional queda patente en la escueta cifra del 64% de alumnos que logran terminar el Bachillerato o un ciclo formativo de grado medio. En dos décadas Asturias pasó de un 37% de titulados en Bachillerato, a casi un 60%. Una sola comunidad, el País Vasco, logra mejorar ese registro.

Setenta de cada cien alumnos españoles sigue escolarizado cuando cumple los 18 años, mientras que Suecia, Bélgica, Finlandia, Grecia o Polonia, por citar algunos de los países de la Unión Europea, superan -algunos muy ampliamente- el 90%. España tiene, con mucho, los peores registros del llamado núcleo duro de la UE.

Es la gran asignatura pendiente de la educación en España, mejorar las tasas de abandono educativo temprano. Un 31% de los jóvenes españoles entre 18 y 24 años no ha podido o querido completar la segunda etapa de la educación secundaria y no sigue ningún tipo de estudio.

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