Los edificios del Naranco y Ramiro I

Los nuevos estudios con carbono 14 reabren el viejo debate sobre la cronología y el origen del arte asturiano: ahora la única palabra la tiene la arqueología

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Los edificios del Naranco y Ramiro I
Los edificios del Naranco y Ramiro I  

JAVIER RODRÍGUEZ MUÑOZ «En el lugar de Liño construyó una iglesia y palacios, con admirable obra de bóveda», dice la Crónica Albeldense en el apartado dedicado al reinado de Ramiro I. La Crónica Albeldense es una de las fuentes históricas más próxima al reinado de este rey, que murió en el año 850, pues fue acabada de escribir en el año 883 y redactada por alguna persona próxima al monarca Alfonso III, nieto de Ramiro I. Otras dos crónicas cuentan los hechos de los reyes astures. Son la Crónica de Alfonso III, así denominada porque la versión denominada A Sebastián o Sebastianense va precedida de una carta, supuestamente escrita por el rey Alfonso III y dirigida al obispo Sebastián, en la que afirma ser el autor del relato, «tal como le hemos oído de los antiguos y de nuestros predecesores y sabemos que es verdad», según la traducción que José L. Moralejo ha hecho de las tres crónicas, de quien tomamos todas las citas. Otra versión de la Crónica de Alfonso III es la conocida como Rotense, por haberse conservado en un códice procedente de la catedral de Roda (Huesca). Pese a esa declaración inicial, se sospecha que Alfonso III fue el inspirador de una primera versión, quizás la Rotense, cuyo latín es más bárbaro, y que algún presbítero erudito mejoraría el latín de la versión Sebastianense. No se sabe la fecha de redacción de las dos versiones de la Crónica de Alfonso III, aunque parece seguro que fueron escritas con posterioridad a la Crónica Albeldense.


Mencionamos las tres crónicas del período astur porque ellas son la fuente más antigua y primaria de atribución de los edificios del Naranco al rey Ramiro I. Así, la Crónica Rotense dice: «Después de que descansó de las guerras civiles, edificó [Ramiro I] muchos edificios de piedra y mármol, sin vigas, con obra de abovedado, en la falda del monte Naranco, a sólo dos millas de Oviedo». Un dato más aporta la versión A Sebastián: «Entretanto el dicho rey [Ramiro I] fundó una iglesia en memoria de Santa María, en la falda del monte Naranco, distante de Oviedo dos millas, de admirable belleza y hermosura perfecta y, para no referirme a otras de sus hermosuras, tiene una bóveda apoyada en varios arcos, y está construida solamente con cal y piedra; si alguien quisiera ver un edificio similar a éste, no lo hallará en España. Además edificó no lejos de la dicha iglesia palacios y baños bellos y hermosos».


En la actualidad se conservan dos edificios en la falda del monte Naranco: el que se denomina palacio de Santa María de Naranco y la iglesia de San Miguel de Liño. Pero ¿cuál de los dos es la iglesia de Santa María que cita la versión A Sebastián? En Santa María del Naranco había una mesa de altar monolítica, de caliza blanca, coronada por un ara, en cuyos bordes laterales, entre líneas de espigas, hay una inscripción en la que se dice, según la lectura y traducción que realizó Francisco Diego Santos, que «el glorioso príncipe Ramiro junto con la reina Paterna, su esposa, reconstruiste esta mansión derruida por su vetustez excesiva, y que levantaste por ellos esta ara de bendición, en este lugar suyo, a la gloriosa Santa María [...]. En el noveno día antes de las kalendas de julio del 886 de la era», es decir, el 23 de junio del año 848.


Esta inscripción del ara ratifica lo que nos cuentan las crónicas relativo a la fundación de una iglesia en honor a Santa María por Ramiro I, y precisa la fecha de consagración del ara, el citado 23 de junio de 848. Plantea, sin embargo, dos interesantes cuestiones, una de las cuales entra de lleno en lo que las fechas ahora conocidas de carbono 14 plantean. ¿Construyó desde abajo y totalmente Ramiro I esa iglesia que dedicó a Santa María, o aprovechó un edificio preexistente? La otra cuestión es dónde estaba emplazada esa ara en el año 848, en la iglesia que hoy denominamos San Miguel o en Santa María. Hay respuestas para todos los gustos.


Hellmunt Schlunk, una de las autoridades reconocidas en arte medieval y en particular en el asturiano, opinaba que Santa María había sido una especie de belvedere y que en alguna parte del mismo había una capilla real donde estuvo originalmente el ara. En un momento posterior al reinado de Ramiro I, pero dentro aún del siglo IX, el palacio fue convertido en iglesia y el altar colocado en el mirador orientado al este, donde estuvo hasta su traslado al Museo Arqueológico de Asturias.


Otros opinan que el ara dedicada a Santa María estuvo originalmente en la iglesia que se llama de San Miguel de Liño y que sería trasladada a Santa María posiblemente a raíz del derrumbe de buena parte de la estructura original de San Miguel, iglesia de la que en la actualidad sólo se conserva un tercio de lo que fue el edificio primitivo, la parte correspondiente a la entrada, donde se encuentra la tribuna y el arranque de las naves, que también estaban abovedadas, como las de Santa María.


Ninguna de las tres crónicas del reinado de Alfonso III cita la iglesia de San Miguel en el Naranco. Hablan de una iglesia y palacios (Albeldense), muchos edificios (Rotense), o iglesia de Santa María y palacios (A Sebastián). La primera mención a una iglesia de San Miguel en el monte Naranco aparece en un documento fechado el 20 de abril de 857, por el que Ordoño I, hijo de Ramiro I, dona a la Iglesia de Oviedo, entre otros bienes, la villa que llaman «Linio» en el monte Naranco y las iglesias de San Miguel y Santa María. Pero este documento es unánimemente considerado falso, obra del obispo Pelayo de Oviedo, lo mismo que otra donación posterior, de 20 de enero de 905, por la que Alfonso III y su mujer, Jimena, confirman privilegios de sus antecesores a la Iglesia de Oviedo y añaden nuevas donaciones. En este documento se vuelve a incluir entre lo donado la «villa de Linio con palacios, baños y la iglesia de San Miguel». Tanto uno como otro documento están contenidos en el llamado Liber Testamentorum de la catedral de Oviedo, que mandó hacer el obispo Pelayo entre los años 1101 y 1130, por lo que, al menos, con independencia de la falsedad de ambos, reflejarían, en cuanto al nombre de Liño y la iglesia de San Miguel, una realidad de comienzos del siglo XII.


No es ésta, sin embargo, la primera referencia a la iglesia de San Miguel de Liño. También la menciona la Crónica de Sampiro, escrita a comienzos del siglo XI por Sampiro, un personaje de Zamora que ocupó varios cargos en la Corte de los reyes Bermudo II y Alfonso V y que acabó siendo obispo de Astorga entre 1035 y 1041. Esta Crónica de Sampiro la conocemos porque fue copiada en casi su totalidad por el autor de la Historia Silense (las crónicas medievales no se consideraban obra de nadie y cada copista podía añadir o quitar lo que le parecía), otra crónica redactada en torno a 1115, contemporánea, pues, del Liber Testamentorum. Pues, bien, Sampiro, en la versión recogida en la Silense, describe así los monumentos del Naranco: «En la ladera del monte Naranco fabricó [Ramiro I] tan hermosa iglesia, con título del arcángel Miguel, que cuantos la ven atestiguan no haber visto jamás otra semejante a ella en hermosura [...]. Hizo también, a distancia de 60 pasos de la iglesia, un palacio sin madera, de admirable fábrica y abovedado abajo y en lo alto, el cual fue convertido en iglesia después y allí se adora a la bienaventurada Virgen María, madre de Dios». Tenemos aquí, en esta descripción de Sampiro, una referencia muy clara a los dos edificios que hoy se conservan en la ladera del monte Naranco, San Miguel y Santa María.


Las citas que las Crónicas Asturianas hacen a las construcciones de los reyes sirvieron para periodizar el arte Asturiano en tres etapas, correspondientes a tres reyes: Alfonso II, Ramiro I y Alfonso III. Es más, algunos autores retrasan la fecha de construcción de la Cámara Santa al reinado de Alfonso III, sin más fundamento que el de no estar citada expresamente su construcción entre las iglesias levantadas por Alfonso II, a cuyo reinado se vino tradicionalmente atribuyendo, siendo considerada además la Cámara Santa por algunos estudiosos como un precedente de la posterior Santa María del Naranco.


Las fechas de carbono 14 ahora conocidas, aunque sean referidas a la iglesia de San Miguel, edificio que en nuestra opinión no era el que contenía el ara de Santa María, reabren un debate que hubo ya desde hace tiempo, y es el de qué edificios existían en el espacio de la llamada en la documentación «villa Linio». En 1885 se descubrió cerca de la puerta de entrada a la casa rectoral, que entonces estaba adosada a la iglesia de Santa María de Naranco, en un muro de contención de tierras, una estela de época romana dedicada a Q. Vendiricus por su hijo Agedi. Otra estela de época romana dedicada a Cesaroni por su hijo Tabali se encontraba en el siglo XVI en la tribuna de la iglesia de San Miguel de Liño, donde la vieron, entre otros, el canónigo Tirso de Avilés y el cronista de Felipe II Ambrosio de Morales.


La inscripción del ara de Santa María de Naranco dice que Ramiro I «renovó o reconstruyó esta mansión derruida por su vetustez excesiva». Hoy, a la luz de las fechas de carbono 14 que acabamos de conocer, toma todo su sentido esta frase, aunque se refiera a Santa María y no a San Miguel. En lo que la documentación menciona como «villa Linio» debía de haber varias construcciones, de las que alguna podía ser muy anterior al reinado de Ramiro I. Hasta no hace mucho tiempo se vino considerando como una iglesia paleocristiana del siglo VI o VII la denominada de Santa María y San Pedro de Veranes, en Gijón, que las excavaciones llevadas a cabo por Carmen Fernández Ochoa y otros colaboradores han descubierto se trataba del aula de una villa romana, cuyos edificios se extendían por la ladera.


¿Por qué no pudo haber en Liño, en el Naranco, construcciones anteriores al reinado de Ramiro I? Si algo vienen a decir las fechas de carbono 14 sobre San Miguel de Liño es que el relato de las Crónicas Asturianas no es un dogma que haya que tomar al pie de la letra, como sucesivos hallazgos arqueológicos comienzan a desvelar. Hubo un Oviedo de época romana, anterior a la fundación de Alfonso II, Foncalada puede ser una fuente romana y, sobre todo, pese al silencio de las crónicas, en los siglos anteriores a la batalla de Covadonga y al comienzo de la Monarquía asturiana, Asturias no era ningún yermo, había ciudades, villas y seguramente se mantendrían en pie muchas construcciones de época romana y visigoda, que sirvieron de punto de partida y de base al arte asturiano.


Ni las crónicas ni la documentación nos pueden ya decir nada nuevo, ahora la palabra la tiene la arqueología. Si algún día nuestros políticos se dan cuenta del potencial que tiene el arte asturiano, el conjunto más completo de edificios religiosos que se ha conservado en España anterior al arte románico, quizás se pueda acometer la tarea de investigar sus orígenes y no, como ahora, con excavaciones o pruebas hechas ante planes urgentes de mantenimiento de unos edificios verdaderamente valiosos y singulares.

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