31 de mayo de 2012
31.05.2012

Una música para Dios y el César

Howard Griffiths ofreció ayer en el Auditorio de Oviedo, con la OSPA y el Coro de la Fundación, dos piezas sacras y áulicas de Haendel y Mozart en el concierto de Semana Santa

31.03.2012 | 05:34
Howard Griffiths al frente de la OSPA y del Coro de la Fundación Príncipe de Asturias, en el arranque del concierto de ayer en el Auditorio de Oviedo.

Oviedo, Javier NEIRA


Música para rezar y halagar. El maestro Howard Griffiths al frente de la OSPA y del Coro de la Fundación Príncipe de Asturias ofreció un verdadero concierto de Semana Santa sin espacio para las dudas aunque las piezas fuesen tan áulicas como sacras: «Antífonas de la coronación» de Haendel y misa «Coronación», de Mozart. El concierto estaba patrocinado por LA NUEVA ESPAÑA. Qué bien cantó el barítono asturiano David Menéndez.


Abrió la sesión Haendel con unas piezas a más gloria del César que de Dios pero como el genio del compositor estaba por encima de las circunstancias resultaron de una belleza divina y, además, ayer la OSPA y el Coro de la Fundación dieron con el punto justo de las «Antífonas de la coronación» desde la primera meditación sobre «Zadok el sacerdote» que fue expositiva y ofreció la medida del conjunto.


En la segunda entrada «Poderosa es tu mano» el metal destacó por precisión y claridad y la fuga fue para el Coro un motivo más de lucimiento. Nuevos episodios fugados en «Rebosa mi corazón» y brillo y sonoridad en el cierre con la antífona «Se alegrará el rey». Se alegró todo el mundo.


La segunda parte también fue para el rey y sus fastos pero según Mozart y su misa «Coronación» con el concurso de la OSPA, el Coro y un cuarteto de solistas. La soprano Nuria Rial tuvo las mejores oportunidades de lucimiento y las aprovechó; bien asimismo la mezzo Marifé Nogales y el tenor Albert Casals y excelente el barítono asturiano David Menéndez con su voz bonita y poderosa.


La misa tiene mucho de sinfonía aunque arranque con un Kyrie decididamente místico. En el Gloria, magnífico, la OSPA cargó la mano pagana -o sea, sinfónica- y ya en el Credo, sincopado según el maestro Griffiths, el Coro alternó con el cuarteto en protagonismos y aciertos.


El Coro de la Fundación se manifestó plenamente en el Sanctus y Benedictus y Agnus Dei fueron para los solistas un espacio final de sensibilidad, expresividad y acierto. Muchos aplausos.

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