"Buscamos a los líderes que desarrollen una organización sanitaria mucho más flexible"

"Puede darse una situación en la que la tensión llegue a tal nivel que haga aconsejable que los profesionales tengan que fichar, pero no quiero planteármelo"

08.12.2013 | 02:56
Faustino Blanco, el pasado jueves, en uno de los vestíbulos de la Consejería de Sanidad con vistas a la cubierta del Calatrava. miki lópez
Faustino Blanco, el pasado jueves, en uno de los vestíbulos de la Consejería de Sanidad con vistas a la cubierta del Calatrava. miki lópez

Faustino Blanco González (Gijón, 1953) está al frente de la Consejería de Sanidad del Principado desde mayo de 2012. En este año y medio se ha enfrentado a una larga y dura huelga de médicos, y también a los rigores que impone la crisis económica, que le ha llevado a aplicar importantes ajustes en el capítulo de gastos (particularmente en el epígrafe de personal). Estas restricciones, sumadas a determinadas medidas organizativas, han generado irritación en una parte de los 15.000 trabajadores sanitarios de la región, un colectivo siempre complejo. En la entrevista que sigue Blanco responde a las críticas recibidas, explica el fondo de las medidas adoptadas y anuncia algunos de sus planes para el año y medio de legislatura autonómica que resta. No es de los que esconde la cabeza debajo del ala.

-En la primera entrevista que concedió a LA NUEVA ESPAÑA afirmó que los hospitales comenzarían a funcionar por las tardes a un ritmo elevado. A día de hoy no parece haberlo conseguido.

-... Pero no me siento insatisfecho. Sé cómo recibimos el sector, en qué situación estaba la sanidad, hemos pasado un tiempo difícil de conflicto, un conflicto que concluyó con un resultado satisfactorio para nosotros. La otra parte dice lo mismo. Ciertamente, mete mucha tensión en la organización...

-¿De quién habla?

-De la otra parte.

-¿Del Sindicato Médico (SIMPA)?

-Sí, pero creo que estamos recuperando el diálogo profesional, y a mí me interesa mucho más la tendencia que los resultados cuantitativos. Cualitativamente, los hospitales están cambiando progresivamente su cultura. Ya nadie discute que un hospital no puede ser una organización que funcione de ocho a tres. No hemos conseguido plenamente que funcione en otro horario, pero sí se hace mucha actividad por la tarde, y la prueba de ello es que las listas de espera estamos resolviéndolas en tiempo ordinario, que incluye utilizar las tardes. Por lo tanto, me interesa la tendencia, que para mí es satisfactoria, aunque necesitamos muchas más cosas.

-¿Cuánto tiempo tardará en poner a los hospitales a funcionar como usted quiere?

-Estamos poniendo sobre la mesa cosas que van a facilitar ese objetivo. Por ejemplo, el decreto sobre jornada que puso fin a la huelga, que insisto en que me parece el mejor de este tipo que hay en este país; pero estamos poniendo sobre la mesa algunas otras cosas.

-¿Por ejemplo?

-Lo que pretendemos es mejorar el diálogo profesional. La primera acción ya está sobre la mesa de la representación sindical: es la propuesta de decreto sobre mandos intermedios.

-¿Se acabaron los nombramientos a dedo en la sanidad?

-Caer en esa tentación sería un error. Los mandos intermedios tenemos que concebirlos de forma profesional. Yo no los quiero próximos al poder político.

-O sea, que se equivocó el anterior Gobierno socialista.

-El problema no es un error de un Gobierno socialista. Es un error conjunto de las administraciones sanitarias de este país, con independencia de su signo político. De hecho, nos precedió un Gobierno de otro signo, el de Foro, que en los diez meses que estuvo utilizó exactamente el mismo instrumento que teníamos previamente. Y pocos días antes del traspaso de poderes hicieron veintitantos nombramientos de jefes de servicio. La sanidad pública necesita instrumentos de gestión transparentes y un proyecto compartido. Todos sabemos que es difícil gestionar la sanidad sin contar con los profesionales. Y ese compromiso debe ser de doble dirección. Debe haber una lealtad con la institución, que no es lealtad con el poder político.

-¿En que ha mejorado la sanidad asturiana desde que el actual Gobierno del PSOE asumió el poder?

-En una situación de crisis no hemos reducido la cartera de servicios, y eso es importante. No hemos perdido empleo estructural, que era un compromiso. Hemos mantenido la cohesión social, con los inmigrantes irregulares. Hemos mantenido todo el parque de los servicios instalados. Y tenemos dos hospitales que vamos a abrir, más un proyecto importante de fundación de investigación. No quiero sentirme complacido, pero sí moderadamente satisfecho.

-Las listas de espera de algunos servicios esenciales están aumentando. Llegan denuncias de enfermos de cáncer que sufren severos retrasos en sus pruebas diagnósticas.

-Los profesionales tienen bien clara esa prioridad, y la compartimos con ellos. Creo que no hay ningún profesional que deje de atender un caso que ponga en riesgo la vida. Si hay algún caso que se deba rectificar, los profesionales tienen que determinar cuál. Nosotros hemos dicho que todo aquello que tenga riesgo pronóstico o riesgo de vida debe ser atendido sin lista de espera.

-Los médicos dicen que no hay horas, que ya han agotado las de todo el año.

-Lo que no puede ser es que, tras la ampliación de jornada, tengamos muchas más horas instaladas de las que se hacían con las peonadas, y que ahora resulte que no hay horas. También he oído que si hay un cuarto de hora, que si salgo a las tres y cuarto... En el sector sanitario no se ficha. Siempre he estado de acuerdo, porque me interesa más que el profesional se comprometa con su trabajo a que esté muchas horas. Puede darse una situación en la que la tensión llegue a tal nivel que, a lo mejor, haga aconsejable esas cosas, pero yo no quiero planteármelo así. No soy tan meticuloso cuando se llega un cuarto de hora tarde.

-Muchos profesionales, sobre todo médicos, se confiesan desmotivados. El SIMPA sostiene que su equipo ha destruido los cauces de colaboración por parte de los médicos. ¿Cómo piensa revertir esta situación?

-Me sorprende. Hace unos meses llegamos a un acuerdo. ¿Cómo que un acuerdo dinamita los cauces? Es una visión que no puedo compartir, pero deberían explicarla ellos.

-¿Percibe la desafección de los profesionales de la sanidad hacia el sistema nacional de salud?

-Cada vez menos. No creo que se me pueda etiquetar como "consejero en el despacho". Hablo con muchos profesionales y creo que sí es cierto que había desafección, que es lógica, porque la anterior Administración no buscó un encuentro con ellos. Ahora, cada vez los veo más ilusionados. A todos los profesionales, y fundamentalmente a los médicos.

-¿En serio lo dice?

-Los veo cada vez más dispuestos. Hombre, no se pasa de la desafección a la ilusión. Es todo un tránsito. Veo disposición, y cuando les planteo algunas de nuestras ideas veo que son ideas compartidas.

-¿Estrategias para aumentar esas buenas disposiciones?

-El decreto de mandos intermedios es una clave. Otra clave es desarrollar el espacio de la participación profesional, de diálogo formal. Insisto: no hablo de relaciones laborales, que es un espacio bien definido.

-Parece que busca una vía de diálogo claramente al margen del Sindicato Médico.

-No son diálogos excluyentes, sino paralelos. El diálogo profesional trata acerca del qué se tiene que hacer y el cómo hacerlo para conseguir unos resultados.

-Destacados profesionales aseguran que desconocen las líneas maestras del proyecto de su Consejería y que existen contradicciones permanentes entre unos y otros.

-El problema es que la sanidad tiene 3.500 médicos.

-Le hablo de jefes de servicio, por ejemplo.

-Ya, pero del mismo modo que usted habla con jefes de servicio, yo hablo con jefes de servicio, y de forma bastante sostenida. Hace 24 horas (se refiere al pasado miércoles) tuve un encuentro con jefes de servicio. Cuando hablo con los profesionales de por dónde queremos desarrollar el servicio, la mayoría me dicen que en ese planteamiento encuentran espacio y recorrido. Estoy planteándome seriamente, y estamos trabajando en ello, desarrollar una alianza con los profesionales, con los mandos intermedios, por la excelencia. Y hacerlo en el contexto de una situación de crisis, pero también de un nuevo tiempo que viene representado por dos hospitales que se quieren abrir, de una estructura sanitaria en red, y de un diálogo más horizontal entre la atención primaria y la hospitalaria.

-¿En plena crisis es factible?

-Tenemos que convertir la crisis en una oportunidad. Y estamos intentando aprovecharla.

-Habla usted de buscar una nueva hornada de mandos intermedios...

-El jefe del servicio tiene que ser el líder clínico, el que plantee los objetivos. Tenemos que buscar, encontrar o confirmar -cada caso será diferente- a quienes tienen que ser los líderes que puedan desarrollar en el futuro una organización mucho más flexible, mucho más dinámica y mucho más pensada para las nuevas necesidades.

-¿Ahora mismo falta ese liderazgo?

-Es desigual. No falta. Hay muy buenos jefes clínicos, y muy buenas cabezas que a lo mejor no son jefes clínicos. El problema es que queremos que aflore todo eso. Y al que está, que se le reconozca. Quiero que la organización reconozca esos liderazgos, los favorezca y establezca la alianza estratégica por la calidad de la sanidad. Ése es el reto.

-¿Se puede revertir la desmotivación sin poner más dinero sobre la mesa?

-Por un tiempo, sí. Tenemos que dar respuestas eficientes y que el sistema tenga suficiencia financiera. La fase de eficiencia interna la hemos conseguido en una gran medida, pero hay que sostenerla. En otro momento tendremos que hablar de suficiencia. Y pensamos que si somos eficientes, cuando superemos la crisis tendremos que alcanzar presupuestos suficientes.

-¿El personal sanitario va a ver mejoradas sus retribuciones a medio plazo?

-Espero que sí. Cuando la financiación aumente, una parte importante de eso tendrá que ir a dos capítulos que estamos conteniendo mucho: inversiones y políticas de personal.

-¿Se plantea que quizás ha sido demasiado abrupto el recorte de las horas extraordinarias -"peonadas"- de los médicos?

-No es un problema de voluntad. Hay que leer los Presupuestos. Da la sensación de que queremos limitar horas o ingresos, de una acción perversa. No, no. Hemos quitado horas extras porque no hay capacidad de pagar horas extras.

-Sin embargo, hay capacidad de aumentar la actividad de centros concertados, y para 2014 el presupuesto de esta partida aumenta un 10 por ciento, cuando los médicos de la pública están dispuestos a realizar esa actividad.

-No es así. Con los centros concertados sin ánimo de lucro hemos hecho un contrato-programa con una actividad pactada que fue mucho más exigente y con una asignación económica congelada, pero esos centros, y sobre todo el de Jove, están haciendo terapéuticas que tienen que ser adicionales. Por ejemplo, en materia de medicamentos caros, que suponen un gasto que aumenta y debe ser actualizado. Estamos haciendo que los presupuestos en conciertos en 2014 sean de la cuantía con la que vamos a cerrar 2013. No estamos incrementando el presupuesto, sino que sea más realista. Estamos haciendo que el presupuesto inicial se aproxime más al real. Es un ejercicio de transparencia. Antes, desde hace muchos años, había cajón. Se hacía un presupuesto, no se cumplía, y se generaba un déficit que se metía en un cajón. El último Gobierno de Foro, en diez meses metió 47 millones en el cajón. Nosotros ahora no podemos tener cajón, y me alegro.

-Hablando en plata: los profesionales dicen que la actividad que se manda a la privada la harían ellos por menos dinero.

-Eso no es así. Ése es el mensaje de confusión. Estamos mandando pacientes, fundamentalmente, a nuestros servicios que tenemos con contrato-programa, y por lo tanto no es a coste mayor. Segundo: estamos derivando alguna actividad a los centros privados con ánimo de lucro, y si miramos ese capítulo de los años anteriores, habiendo peonadas, y lo miramos ahora, que no las hay, veremos que no crece. Por lo tanto, ese discurso no se sustenta. No podemos decir que queremos mejorar el rendimiento de la sanidad pública y, al mismo tiempo, dificultar que eso fluya. No creo que sea bueno el discurso de la frustración, del caos, del todo va mal... Injusto para el colectivo profesional.

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