Le reconstruyeron una mandíbula con su propio peroné

"Solo conservo una cicatriz en la barbilla que ni se nota"

El gijonés Diego Vallina, 12 horas en el quirófano por un tumor que le había comido parte del hueso

27.04.2014 | 03:26
Diego Vallina, anteayer, en Gijón. | marcos león
Diego Vallina, anteayer, en Gijón. | marcos león

Lo que se inició como una visita rutinaria al dentista se convirtió para el gijonés Diego Vallina Castro en una pesadilla, felizmente superada. Diego se declara "persona tranquila" pero lo vivido en muy poco tiempo era para desestabilizar al más pintado.

Diego tiene 36 años y en noviembre de 2009 se sometió en el HUCA a una intervención pionera: le reconstruyeron parte de la mandíbula a partir de un injerto con el hueso de uno de sus peronés. Nadie, ni siquiera a muy corta distancia, podría suponer algo así a la vista de su rostro actual.

"Yo hago pesca submarina y comencé a sentir muchos dolores por la zona de la mandíbula. Me fui al dentista, me hicieron una radiografía y me descubrieron un quiste. Desde el centro de salud me derivaron al servicio de Maxilofacial del Hospital de Cabueñes, me sometí a una biopsia y comprobaron que tenía un tumor benigno, pero que había que quitar".

Lo malo es que aquel tumor ya había hecho su trabajo. "Me comió parte del hueso de la mandíbula". En apenas tres meses Diego Vallina estaba camino del hospital para una intervención "que me dijeron que iba a durar ocho horas y que después duró doce. Yo, claro, ni me enteré, pero mi familia lo pasó fatal", recuerda. Lo operó el doctor Juan Carlos de Vicente. Parte del peroné derecho se fue para la mandíbula izquierda. Así de simple? en teoría.

Cuando comenzó la recuperación Diego se dio cuenta de que los problemas los tenía abajo y no arriba. "De la mandíbula, es que ni me enteré. En la pierna me hicieron una cicatriz de unos 30 centímetros y tuve que andar algún tiempo con muletas". Ahora hace vida normal. De aquella lesión solo conserva "un pequeño hormigueo en la mandíbula, donde perdí algo de sensibilidad".

Dos semanas estuvo ingresado en el hospital tras la operación. "Al principio con sonda para comer. Eso es lo que peor llevé", dice. Otro momento malo, éste un poco anterior: la espera de los resultados de la biopsia. "Mi familia, muy nerviosa. Aquellos días comprobé que el miedo se contagia".

Cuatro años después de aquella experiencia, Diego Vallina comprueba "lo mucho que fortalecen estas cosas. De la noche a la mañana te das cuenta que te cambia la vida, y el secreto es mirar hacia adelante".

Este mismo mes Diego se sometió a la última revisión hasta la fecha. De aquel atragantón, más para su familia que para él, le queda una cicatriz junto a la oreja "porque por ahí se fijó el hueso", y otra en la barbilla "que ni se nota". Diego lleva barba de varios días. ¿Barba anticicatrices?

- Nada de eso. Ya la llevaba antes del problema.

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